10 de agosto de 2021

Friends: El de la reunión.

 


La semana pasada me di oportunidad de ver el especial de Friends. Me fascinó. Como fanático asiduo de la serie, considero que no quedó a deber. Bueno, acaso una presentación en vivo de The Rembrandts interpretando I’ll Be There For You habría sido un buen detalle, pero no fue indispensable. La melancolía de los seis actores principales al estar reunidos en los foros diecisiete años después era palpable y se transmitía a través de la pantalla. Los invitados, tanto los que formaron parte de la comedia (Maggie Wheeler, Reese Witherspoon, Larry Hankin) como los que no (Lady Gaga, Kit Harington, Malala Yousafzai), contribuyeron en justa medida a definir el contexto y la trascendencia de la serie.

Especial impacto me causó ver a Matthew Perry. He leído que durante el rodaje de Friends sufrió de enfermedades causadas por el abuso del alcohol y de otras sustancias, y me parece que las secuelas de estos problemas son palpables en su apariencia. Siendo Chandler Bing mi personaje favorito, percibir que el actor que le dio vida ha perdido la chispa resulta, cuando menos, triste. Sin embargo, ver el abrazo entre él y Matt LeBlanc, como si se tratara de Chandler y Joey, ayuda a contrarrestar un poco esa amarga sensación.

Para mí Friends fue más que una serie. Se trató de una subcultura, de un ritual que semana con semana los televidentes llevábamos a cabo durante media hora. Soy parte de esa generación que ha visto las diez temporadas más de cinco veces, que conoce los diálogos, que utiliza la serie como referencia en la vida cotidiana, con frases del tipo “como cuando en Friends Ross dice que…”. Lloré de alegría y emoción cuando Chandler y Monica se comprometen en matrimonio, sufrí cuando no sabía si Rachel se había bajado del avión, reí a carcajadas cuando el papá de Rachel y Mona se juntan en el departamento de Ross, me emocioné con el nacimiento de los trillizos de Frank Jr., sé lo que es el Unagi, conozco la letra de Smelly Cat, y sé cómo insultar a alguien con las manos sin mostrarle el dedo medio, y es por eso que esperaba con ansia ver este capítulo especial, la reunión, después de diecisiete años de la emisión del capítulo final. Valió la pena.

En algún punto del programa James Corden pregunta a Lisa Kudrow si no ha pensado en hacer una película como continuación de la trama, y ella responde que no, porque los productores acabaron cada historia de una manera muy elegante, y tendrían que explicar muchos detalles para hacer una continuación. Desde mi punto de vista, tiene razón. Las vidas de todos los personajes acabaron en el punto exacto, dejándonos a los televidentes el ejercicio de imaginar qué ha pasado con ellos hasta el día de hoy.

Así como le sucedió a Rachel con Ross cuando lo vio llegar a Nueva York con Jullie, este episodio me dio el closure que necesitaba. Es el final perfecto y me ayudó a aceptar que Friends ya terminó y no estará nunca más de regreso. Es tiempo de avanzar y expandir la vista hacia otras comedias. De cualquier modo, pase lo que pase, sé que Friends siempre ocupará el número uno en mis series favoritas, y es inamovible.

15 de julio de 2021

El derecho a ser pendejos

 Bien decía Carl Sagan en una de sus muchas frases célebres:


 

Y no le falta razón. Ahora que el tema de las vacunas está en boga en todo el mundo, no pude evitar pensar en aquellas personas que se rehúsan a recibir su inmunización por temor a que sea una forma que el gobierno tiene de controlarlas, o de que realmente les estén inyectando otro tipo de enfermedad para luchar contra la sobrepoblación, o cualquiera sea la razón.

La democracia nos otorga obligaciones y derechos, y entre esos derechos se encuentra el que tenemos a ser pendejos. No me malentiendan, está muy bien gozar de libertades y de todas las ventajas que la democracia ofrece comparada con otras formas de gobierno, pero en situaciones como esta, que es un tema de salud pública, la pendejez de unos cuantos termina por afectarnos a todos. Sí, yo puedo ir a vacunarme contra el SARS-COV-2 muy feliz de la vida, pero para que esta pesadilla termine, la OMS estima que será necesario que al menos el 80% de la población mundial obtenga también la vacuna. Es decir, entre más, mejor. Si tú no te vacunas, por la razón que sea, estás contribuyendo activamente a prolongar esta pandemia que tantos daños ha causado tanto en el aspecto de salud como en el económico. Todo porque es una cuestión voluntaria. Si la quieres, aquí está. Si no la quieres, no te preocupes.

¿Será acaso que un sistema autoritario, en donde no hubiera opción y todos tuviéramos que vacunarnos de manera obligatoria resultaría en un beneficio en aspectos de salubridad?

¿Necesitamos que alguien no solo nos diga qué hacer, sino que nos obligue a hacerlo para obtener un beneficio común? ¿Significa eso que, a pesar de vanagloriarnos de ser la especie más inteligente sobre la faz del planeta, somos tan imbéciles y no sabemos distinguir cuál es la opción que más nos conviene?

Y lo de las vacunas es solo un ejemplo entre muchos. También está lo de:

  • Creer que la Tierra es plana.
  • Estar convencido de que el ser humano nunca llegó a la Luna.
  • Pensar que las antenas 5G transmiten enfermedades.
  • Pedir que tomen la temperatura corporal en las manos o el cuello, porque los termómetros infrarrojos “dañan las neuronas” (si crees esto, de antemano ya no te quedan muchas).

Cada uno de estos pensamientos se traduce en un gasto que alguien (generalmente los gobiernos) tiene que hacer para detener obras, hacer campañas informativas, cambiar protocolos o frenar tecnologías, lo que resulta en un atraso cuyas consecuencias son difíciles de calcular.

Suena tan tonto que alguien tenga que venir y decirnos “debes hacer esto de manera obligatoria porque es lo mejor para ti”. Caray, qué pena ajena de nosotros deben sentir los extraterrestres.

16 de junio de 2020

Por qué Roger Waters es mi compositor favorito.


Hace un par de días conversaba con alguien (si lees esto, ¡saludos miss R!) acerca de que, por culpa del SARS-CoV-2, este año me quedaré sin asistir al concierto que Roger Waters ofrecería en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México. Aunado a eso, también se canceló un viaje de trabajo a Alemania, pero comentaba que me dolió más la suspensión del concierto que la del viaje. Hice el comentario de que Waters es mi compositor favorito, y sirva este post a manera de explicación. Veo necesario hacer una minúscula semblanza, de tal forma que funcione como una introducción.

¿Quién es Roger Waters? Es un músico británico, mundialmente conocido por haber formado parte de la alineación más recordada de la banda inglesa de rock progresivo Pink Floyd, siendo, junto a Syd Barrett y Richard Wright, uno de los miembros fundadores. En 1985, tras diferencias con los elementos restantes de la agrupación, la abandona y emprende su carrera en solitario, que continúa hasta la actualidad. La muerte de su padre, soldado británico durante la segunda guerra mundial, sería algo que marcó no solo su vida, sino también su estilo compositivo y visión política.

En los inicios de Pink Floyd, el principal (y muy probablemente único) letrista era Syd Barrett. Sin embargo, luego del segundo álbum, A Saucerful of Secrets, la salud de este individuo comenzó a decaer, hasta colocarse en un punto en que no pudo continuar cumpliendo sus compromisos con la banda. Los demás, al verse súbitamente privados de su fuente poética, pero teniendo un enorme talento interpretativo, comienzan a lanzar discos cuyas canciones estaban repletas de elementos musicales, pero prácticamente desprovistas de letra. Es en este punto donde Waters comienza a probar suerte con el lápiz y el papel, puliendo poco a poco su talento hasta que, en 1973, el álbum conceptual conocido como Dark Side of the Moon los catapultó a la cima del éxito. La mayor parte de las letras en este disco son de Waters, y tratan acerca de aspectos de locura y abstracción.

Personalmente, la canción que más me gusta de este trabajo es Time. La primera vez que la escuché, rondaba los 21 años de edad, y su letra produjo en mí una catarsis. La crudeza con la que describe cuán fácil a veces dejamos que la vida se nos vaya, siempre esperando a que llegue el momento justo, perdiendo el tiempo en cosas que no agregan ningún valor, me marcó de una forma instantánea.

Tired of lying in the sunshine
Staying home to watch the rain.
But you are young and life is long.
There is time to kill today.

And then one day you find
ten years have gone behind you.
No-one told you when to run.
You missed the starting gun.

Me sentí identificado, y comprendí que la vida no empieza al terminar la escuela o al comenzar a trabajar. No. La vida comienza al nacer (parece bastante obvio, pero a veces no lo es tanto) y el control de la misma podemos y debemos tomarlo desde que somos conscientes de nuestra existencia.

Al avanzar dentro del track list seguimos encontrando joyas poéticas, pero no pienso hacer este post demasiado grande, así que saltaré a otro de mis temas favoritos: Wish You Were Here, del álbum del mismo nombre, publicado en 1975. Una rapsodia llena de nostalgia dedicada a Syd Barrett. Se tiene la equivocada idea de que esta canción es romántica, pero no es así. Es una canción para un amigo que perdió el rumbo y jamás pudo regresar a la realidad.

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls swimming in a fish bowl.
Year after year, running over the same old ground.
What have we found? The same old fears.
Wish you were here.

Dos años más tarde llegaría Animals; obra basada en el cuento Rebelión en la Granja, de George Orwell, y en el cual se plantea una granja como una analogía de diferentes sistemas políticos. Los principales personajes son los cerdos, los perros y las ovejas, teniendo cada especie su propia canción dentro del disco, y es Pigs la que arroja la afrenta más directa hacia la clase política. Durante las presentaciones en vivo de esta canción en la gira Us + Them, incluso se proyectan imágenes ridiculizando al presidente norteamericano Donald Trump.

En 1979 se publica The Wall, álbum que da para un post entero, debido a su complejidad lírica y la historia que relata pero, sintetizando, es otra obra conceptual, que trata acerca de los traumas que la muerte del padre, la sobreprotección de la madre, el maltrato de los profesores y la mala suerte en el amor, generan en Pink, el personaje principal.

The Final Cut (1983) sería el último trabajo de Waters con Pink Floyd y, aunque la magnitud de las obras ya mencionadas a menudo opacan este último álbum, no se puede negar que es también de una muy alta calidad lírica que, en este caso, se enfoca en los problemas de la posguerra.

Roger Waters es mi compositor favorito por estas y muchas otras razones. Tiene letras preciosas, llenas de nostalgia, de crítica, de protesta, de fantasía. Y, simplemente, porque es el autor del más del 85% de mis canciones favoritas.

¡Espero haber contestado tu pregunta, R!




29 de febrero de 2020

Pink Floyd para los no floydianos.



Como buen fanático empedernido de Pink Floyd, me causa cierta molestia cuando las personas que me rodean dicen conocer a la banda y, al preguntarles cuáles canciones han escuchado, responden Another Brick in the Wall, Wish You Were Here o Money. El motivo de mi descontento es porque esas canciones no definen el sonido de dicha agrupación. Pink Floyd es mucho más que Another Brick in the Wall. Y justo por aquí por donde me gustaría comenzar: esta pieza, la que hemos escuchado hasta el cansancio en la radio, es la parte 2 de una trilogía de canciones dentro del famoso álbum The Wall. De hecho, su nombre completo es Another Brick in the Wall part 2. Personalmente, de las tres, es la que menos me agrada; quizás eso se deba a que es la más comercial.

Dejando de lado las rabietas, el propósito de este post es crear una especie de guía para aquellos neófitos que desean incursionar en la trayectoria de esta alucinante y psicodélica banda inglesa. Y es que, con quince discos de estudio, no es nada sencillo saber por dónde entrarle. Lo más fácil sería empezar por el inicio, pero, el sonido inicial de esta gente quizás no va a sorprenderte tanto como imaginas o deseas; y no me malinterpreten, The Piper at the Gates of Dawn o A Saucerful of Secrets contienen grandes temas, pero yo no recomendaría comenzar a escucharlos por ahí. Todo a su debido tiempo.

Lo primero que me gustaría recomendarle a un novato de esta banda sería Comfortably Numb, extraída del álbum doble The Wall. Este tema tiene la fuerza necesaria para adentrarse en los conceptos que Roger Waters (bajista y vocalista de la banda) maneja a lo largo de su etapa como compositor principal, además de un excelso solo de guitarra de David Gilmour, que suele siempre citarse entre los primeros cinco puestos de los mejores en la historia del Rock. La letra llena de desesperanza, acompañada de una melodía que parece aliviar el dolor presente en la lírica, es un gran ejemplo de la dualidad de Pink Floyd.

Continuando con la estela de grandes solos de guitarra, mi siguiente recomendación es Time, de la obra maestra conocida como The Dark Side of the Moon, álbum que catapultó a Floyd a la fama y fortuna. Este tema habla de cómo la vida pasa día tras día sin que lo notes cuando, de repente, han pasado diez años y no has hecho nada con ella. Un día ya eres viejo y te das cuenta que el tiempo desperdiciado no lo recuperarás jamás.

Ahora adentrémonos un poco en la era post-Waters, pues también aquí hay grandes temas, como Coming Back to Life o Learning to Fly, de The Division Bell y A Momentary Lapse of Reason, respectivamente. Ya sin Waters, la composición recaería en David Gilmour y el tecladista Richard Wright. Estos temas no resultan tan complejos lírica o musicalmente, pero no dejan de ser exquisitos para el oído.

Una canción que no quisiera dejar pasar, y es de esas que desearía que conociera más gente, porque es una joya perdida, es Wots... uh the Deal, pieza que figura en el disco titulado Obscured by Clouds y que tiene una belleza muy superior a lo más comercial de la banda. Sinceramente, es una canción que, al escucharla, me costaba creer que era de Pink Floyd. Tan fuera de su concepto, pero no por ello menos hermosa.

En este punto creo que estamos listos para adentrarnos en lo más profundo y más complejo. Shine On You Crazy Diamond es mi siguiente recomendación. Una melodía partida en dos, y a su vez subdividida en partes. La primera de estas mitades es la que abre el álbum Wish You Were Here y tiene una duración de poco más de trece minutos. Tema dedicado a Syd Barrett, miembro fundador de la banda y quien perdiera la razón, presumiblemente, a causa de esquizofrenia. Esta canción contiene tremendos solos de guitarra, teclado y saxofón, combinados con una melancolía latente a través de toda la canción. Es un excelente primer acercamiento hacia la psicodelia por la que Pink Floyd son tan famosos.

Con The Great Gig in the Sky damos otra revisión a The Dark Side of The Moon. Una melodía sin letra, pero llena de expresiones vocales esperanzadoras al mismo tiempo que desgarradoras por parte de Clare Torry. Indescriptible con palabras. Escúchenla.

Me parece que ahora estamos lo suficientemente acostumbrados a escuchar temas de larga duración y con un grado alto de psicodelia. Es hora de retomar un poco de Rock duro; es por eso que aquí recomiendo ampliamente cualquiera de las tres canciones centrales del disco Animals, ese que tiene un icónico cerdo flotando entre chimeneas de la Battersea Power Station en Londres.

Para terminar este primer acercamiento, Echoes. Del disco Meddle, es la canción más larga de Pink Floyd. Tiene una duración de veintitrés minutos y medio. Sin embargo, tiene tantos matices y detalles en el plano musical, que no resulta aburrida ni tediosa. No obstante, la dejé hasta el último porque se necesita tener el oído entrenado para poder apreciarla como es debido.

Es preciso resaltar que esta lista está creada para no fanáticos, orientada hacia quienes quieren comenzar a escuchar a la banda y conocer los temas más relevantes pero que al mismo tiempo se alejan del mainstream, cosas que nunca habrán de escuchar en la radio. Es muy superficial, lo reconozco abiertamente, pues la obra de Pink Floyd es demasiado extensa como para tratar de resumirla en un solo post. Espero solamente que escuchar estas piezas despierte el interés del oyente en repasar la discografía completa y descubrir por sí mismo canciones maravillosas que, sin duda alguna, lo llevarán a enamorase de este cuarteto londinense, como nos ha pasado a millones.

Les dejo la playlist en Spotify.

Shine on, you crazy diamonds!

28 de diciembre de 2019

Mi década


El año 2019 ya casi termina y, con él, se va también la década. Dejando atrás la controversia de si las décadas se cuentan del cero al nueve o del uno al diez, creo que esta es una excelente oportunidad para realizar un análisis exhaustivo de lo que ha ocurrido en los últimos 3652 días, partiendo de la hipótesis de que la década que terminará el 31 de diciembre de este año, comenzó el 1 de enero de 2010. ¿Qué tanto sucedió en mi vida durante estos diez años? ¡Bastantes cosas! Muchas buenas, otras tantas malas, pero no cambiaría ninguna, pues todas me han traído a donde estoy en este momento. Ya que es imposible dejar constancia del total, plasmaré aquí lo que considero es lo más importante.

La década pasada viví una etapa hippie en la que decía que una carrera universitaria no era para mí, que había otras maneras de ser exitoso en la vida, y estaba completamente convencido de que la música era mi camino. Sin embargo, durante 2009 me di cuenta de que, si bien la premisa de que hay otros senderos hacia el éxito es verdadera, una carrera es una herramienta muy útil al momento de hacer un plan de vida. Fue así que en agosto de 2011 me matriculé en la carrera de Ingeniería Electrónica, egresando cuatro años y medio después y recibiendo mi título en el 2018.

También la década de los ‘10s sirvió para que cumpliera algunos sueños que había tenido desde mi infancia, por ejemplo, viajar en avión. Quizás para mucha gente pueda sonar como una meta muy mundana, pero hay que considerar el hecho de que soy, desde niño, muy aficionado a la aviación y he tratado de leer y aprender muchas cosas relacionadas con el tema. Sin embargo, no había tenido la oportunidad de viajar en uno de tan fabulosos aparatos. Este hecho cambió en enero del 2017 cuando, por cuestiones de trabajo, maté dos pájaros de un tiro: me subí por primera vez a un avión y salí del país también por primera vez. No solo eso; estuvo tan apretada la agenda de esa semana que tomé cinco vuelos diferentes en un espacio de siete días, pisando cuatro países en dos continentes: España, Suiza, Francia y Colombia. Fue un ¿querías volar? Pues ¡ahí te van cinco vuelos! En junio de ese mismo año volví a tener la oportunidad de viajar a Europa, pero esta vez a Alemania.

Ya en 2018 cumplí otro de mis sueños de niño, consistente en conocer mi ciudad extranjera favorita: Londres. Durante ese año también estuve en otras dos metrópolis europeas, tales como Barcelona y París. Viajes en el interior del país también hubo varios, y pude estar en lugares en los que no había estado antes, como Guadalajara, Jal.; Chihuahua Chih.; Ixtapa-Zihuatanejo, Gro.; Los Cabos, BCS.; y Villahermosa, Tab.; entre otros.

En cuanto a conciertos también fue una década bastante disfrutable. En lo referente a artistas internacionales tenemos:
  • Roger Waters en 2010, 2012, 2016 y 2018.
  • Metallica en 2010.
  • Dream Theater en 2010.
  • Foo Fighters en 2013.
  • Ariana Grande en 2017.
Y nacionales:
  • Bronco en 2017 (dos veces) y 2019.
  • Cardenales de Nuevo León en 2018.
  • Intocable en 2019.
Durante el 2011 me uní de nuevo a una banda de Rock como baterista. La agrupación se llamó Burdhelia y tuvimos la oportunidad de tocar junto a Atto & The Majestics. Lamentablemente, tuve que abandonarla debido a la falta de tiempo al estar estudiando mi carrera. Desde entonces no he vuelto a tocar con nadie más allá de algunos palomazos, pero ¡vaya que tengo ganas de hacerlo!

En 2014 me animé a escribir un cuento y meterlo a participar en un concurso. No gané ningún premio pero, para mí, la mayor recompensa fue haber tenido la disciplina para terminar un proyecto. Y la verdad es que sí estoy orgulloso de ese cuento.

Tocando el tema de la Literatura, esta fue la década en que más he leído en lo que va de mi vida. De acuerdo a mis registros anuales, en diez años leí un total de 78 libros, teniendo un promedio de 7.8 libros por año; sí, sé que podría ser mucho mejor, pero tampoco está nada mal. Además, fue en este lapso de dos lustros en el que descubrí al que hoy es mi autor favorito: Carl Sagan.

Entre finales de 2010 e inicios de 2011 tuve la gran oportunidad de trabajar en la librería Gandhi de Metepec y, aunque el lapso fue corto, ha sido una de las mejores experiencias que he vivido. Fue un tiempo enriquecedor, en el que conocí a gente muy culta en distintas disciplinas, como artes pictóricas, música, literatura, o cinematografía. Esto ayudó muchísimo a ampliar un poco mi acervo cultural.

A manera de resumen, una pequeña lista de lo mejor de esta década para mí:
  • El mejor viaje: Londres, Inglaterra. 2018.
  • La mejor serie televisiva: Game of Thrones. 2011
  • La mejor película: La Chica Danesa. 2015.
  • El mejor libro: La Ladrona de Libros. Marcus Zusak (es de 2005, pero yo leí el libro en 2014).
  • El mejor álbum musical: Wasting Light. Foo Fighters. 2011.
  • El mayor logro: terminar mi carrera. 2015.
  • La mejor experiencia: Steve Wozniak autografiando mi iPod Nano. Campus Party 2010.
  • La mejor adquisición: The Wall en vinil. Primera edición (1979). 2011.
  • El mejor concierto: Todos los de Roger Waters, pero me quedo con el de 2010 por ser el primero. 
En fin, que fueron miles y miles de cosas vividas y aprendidas, pero tampoco se trata de hacer esto una enciclopedia, así que aquí daré por concluido este postEstoy ansioso por descubrir lo que me depara la siguiente década, la de los ‘20s. Si sigo vivo al final de la misma, estaré compartiendo las experiencias aprendidas, a mis 43 años.