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21 de abril de 2018

Una opinión masculina del feminismo.


El Feminismo es un tema delicado de tratar, especialmente por un hombre. Aquéllas quienes están en lucha activa por la igualdad y/o la equidad, pueden tildar de ignorantes a los hombres que traten de inmiscuirse en el tema debido a que ellos no sufren en carne propia la violencia, los abusos y las injusticias que el movimiento denuncia con ahínco. Más aun, es un pensamiento generalizado entre la sociedad que los hombres son los enemigos del Feminismo; que el género masculino es el principal objetivo de esas mujeres que cada 8 de marzo se manifiestan para exigir que cesen las diferencias salariales, culturales y sociales entre las dos mitades de la población mundial.

Sin embargo, creo firmemente que el movimiento feminista no está peleado con nosotros los hombres. No. El Feminismo no trata de erradicar a los varones. Esperando no ser catalogado de simplista, creo que el objetivo del colectivo feminista puede resumirse en cuatro palabras: acabar con el Machismo. Y es que "hombre" no es necesariamente sinónimo de "macho". Existen hombres que pueden ser excelentes aliados de las mujeres en su lucha por lograr la equidad de condiciones. ¿Cómo? Escuchando y atendiendo sus demandas, sus peticiones, dándoles el tan ansiado respeto que sin duda alguna se merecen. 

En mi mente está arraigada la idea de que este sería un mundo mejor si más mujeres estuvieran en posiciones de poder o tuvieran acceso a educación en niveles altos. Y no, no voy a caer en el error de generalizar y etiquetarlas diciendo que son más delicadas, con un sentido más amplio de la justicia o más dedicadas e inteligentes, pues no todas lo son. Se trata de una simple cuestión matemática: entre más personas tengan acceso a investigaciones o desarrollos, y más diversidad de ideas se tenga en aspectos políticos y administrativos, la humanidad sale ganando.

Lo triste de esta situación es que el Feminismo es una lucha que, desde este lado de la trinchera, parece que  tiene bajas posibilidades de triunfar, al menos en latinoamérica, pues el comportamiento machista de los varones está presente en las raíces mismas de la psique de sus individuos, y me refiero tanto a hombres como a mujeres. Eso sin mencionar que, cuando una feminista alza la voz para denunciar o exigir, es etiquetada de nazi. Es algo ridículo, pero real. He escuchado opiniones de congéneres que dicen que la línea entre el coqueteo y el acoso es muy delgada, y que se puede cruzar muy fácilmente y hacer que una mujer se sienta ofendida con un piropo o un "halago". Yo creo que más bien se trata de un error de diseño de nuestra conducta, pues el coqueteo es una expresión de acoso; quizás uno muy pequeño, pero acoso al fin y al cabo.

La esperanza radica en el hecho de que, a pesar de lo que nuestro comportamiento podría sugerir, los hombres somos capaces de razonar. Exhorto a todas las feministas a que continúen con su lucha incansable, porque aunque las cosas no van a cambiar ahora, son ustedes quienes están dando forma e impulso a las próximas generaciones, en un afán de que la manera de pensar de las futuras estirpes de la humanidad traigan implantados en su educación y pensamiento los conceptos de igualdad y equidad.

No quiero colgarme la etiqueta de feminista, pero soy un ferviente seguidor de su movimiento, de sus puntos petitorios, de sus exigencias, y gracias a los ecos que llegan de las batallas que ustedes van ganando, han logrado cambiar mi forma de pensar. Prometo, en nombre de un mejor futuro que asegure nuestra supervivencia como especie, educar a mis descendientes con igualdad de derechos y de deberes, el mismo acceso a juguetes para su diversión, el acceso a la misma información, educación y empoderamiento, sin distinción de géneros. Esa es mi deuda para con ustedes.

5 de noviembre de 2016

Mi vida en 2006.



Matemáticamente hablando resulta absurdo dudar que la diferencia entre 2016 y 2006 es 10. Sin embargo, al hablar no sólo de cifras sino de años, y aunque la diferencia sigue siendo 10, cuesta un poco de trabajo asimilar que esa cantidad de vueltas alrededor del sol ha pasado ya, pues se ha sentido como un abrir y cerrar de ojos.

Es signo inequívoco de crecer el hecho de sentir que los años pasan cada vez más deprisa; hoy en día un año no parece durar lo mismo que cuando nuestra edad rondaba los 5 o 6. Toda esta reflexión viene a colación de que hace 10 años sucedió un hecho que cambiaría el rumbo que mi vida seguía, y marca la primera de las circunstancias que me trajeron a donde me encuentro en mi presente. El 1 de noviembre de 2006 entré a trabajar a Atento C.C. Toluca, como operador telefónico de activación de tarjetas de crédito departamentales de Bancomer.

Antes de esto yo no trabajaba ni estudiaba (era un Nini, en el lenguaje coloquial). Me dedicaba a pasar mis días en Los Portales de Toluca con varios amigos vendiendo chocolates y cantando canciones de Green Day acompañados por un par de guitarras acústicas. Mi historial académico mostraba la preparatoria truncada en en cuarto semestre y un intento fallido de continuar estudiándola en el sistema abierto. Obtuve dicho empleo gracias a dos de mis primos: uno que ya laboraba allí, y su hermano mayor, que fue quien me llamó un par de días antes diciéndome que consiguiera una solicitud de empleo y me presentara a una entrevista ese mismo día.

Ya había trabajado con anterioridad, en empleos sencillos y mal remunerados, pero considero Atento como mi primer trabajo de verdad, pues fue ahí donde aprendí a hacerme responsable por mis acciones y a luchar y dar mi mejor esfuerzo para sobresalir y obtener un mejor puesto. Esa empresa me fascinó, desde el diseño de sus instalaciones con colores brillantes y formas geométricas en sus paredes, hasta las propias actividades que realizaba en mi día a día. Aprendí que el trabajo no era nada más una manera tediosa y molesta de obtener dinero, sino que brindaba la satisfacción de sentirse útil, de cumplir expectativas y plantearse metas y objetivos para ser una mejor persona.

Hoy, 10 años y 4 días después, y aunque me cuesta mucho creer que ha pasado una década, me encuentro trabajando en un ramo totalmente diferente a la gestión telefónica, pero esas enseñanzas las sigo poniendo en práctica, y con eso me quedo.

30 de octubre de 2016

¿Festejar Halloween me hace un mal mexicano? No lo creo.



Año tras año las redes sociales se llenan con publicaciones pseudonacionalistas que tratan de convencernos de que por ningún motivo deberíamos celebrar Halloween en este país, puesto que nosotros contamos con la versión mexicana del festejo, llamado Día de Muertos. Yo me pregunto ¿por qué no? La respuesta generalizada a esta interrogante es que celebrar la primera causa un directo perjuicio a la segunda, y colabora a que nuestra identidad y nuestras tradiciones se vayan perdiendo.

No podría estar más en desacuerdo con dicha postura. Y es que, si de verdad se trata de respetar las costumbres y tradiciones mexicanas, además de festejar el día de muertos deberíamos realizar sacrificios humanos cada 52 años con el fin de que los seres de la noche no dominen la Tierra, como hacían los aztecas.

¿Por qué esta campaña contra el 31 de octubre y no contra el Día de San Valentín, el Día de las Madres o Navidad? Ninguna de estas celebraciones tiene un origen mexicano, y no veo a nadie quejándose porque se conmemoran en territorio nacional.

Por el lado de conservar nuestras tradiciones, es algo que veo válido y necesario, pero estoy convencido de que Halloween y Día de Muertos no son mutuamente excluyentes, es decir, el hecho de celebrar una fecha no nos impide celebrar la otra. La responsabilidad de conservar y transmitir nuestros usos y costumbres estriba en nosotros, y podemos hacerlo hablando a las nuevas generaciones de que hoy vivimos en un mundo globalizado, en el cual ya no sólo nos corresponden las celebraciones mexicanas, sino cualquier otra que nos haga sentir que somos parte de algo. Si Halloween contribuye a forjar una relación cordial con los vecinos, a pasar un buen rato en una fiesta en compañía de amigos, ¿qué más da que provenga de Estados Unidos, Irlanda, Holanda o Bolivia? Hay que aprender a sacar lo bueno de las cosas, sin importar si son hechas en México o no.

Para finalizar, quiero dejar plasmada mi opinión de que un mejor México no se va a crear festejando Día de Muertos y dejando de celebrar Halloween. Mientras los ciudadanos sigamos fomentando la corrupción, la desigualdad, la discriminación, el activismo de sillón y volteando la mirada ante los abusos de la autoridad, seguiremos cayendo en picada por culpa de nuestra mediocridad.

Así que a dejar atrás la hipocresía y a celebrar lo que sea que te haga feliz.

Trick or treat. Happy Halloween!

8 de agosto de 2016

Uno de mis tantos problemas.

Tengo problemas con lo espiritual. Pero no desde el punto de vista del ateo que va por la vida insultando a los creyentes y sintiéndose superior a ellos. No, mi problema no es ese, pues coincido con Carl Sagan en una de sus máximas:

"Un ateo tiene que saber mucho más de lo que yo sé. Un ateo es alguien que sabe que Dios no existe. Por decirlo de alguna forma, el ateísmo es muy estúpido." 
Yo no me considero ateo, pues no afirmo que la existencia de un Dios particular es nula, simplemente me cuesta mucho trabajo creer que una deidad exista, dada la evidencia de la que disponemos hoy en día. Y, si a caso algunas veces puedo concederme creer en su posible existencia, creo que los seres humanos manifestamos nuestra soberbia al pensar que, dado el tamaño del Universo conocido, Dios se preocupa un carajo por nosotros.

Pero ya me salí del tema. Digo que tengo un problema con lo espiritual y me preocupa y explico el porqué. He notado que cuando las personas cuyo espíritu está "fortalecido" tienen un problema o una situación que los llena de aflicción, se consuelan al pensar que Dios, o la suerte, o el karma, o el destino o el Plan Maestro, se encargará de decidir sel rumbo que tomará su vida. Al pensar así, al confiar en que todo está escrito, reciben una tranquilidad que sinceramente envidio.

He intentado hacer lo mismo. No con un Dios, pero sí tratando de creer que las cosas se resolverán de una manera que al final acabará siendo favorable para mí. Pero mi lado racional inmediatamente se aparece para recordarme qué soy yo en este Universo probablemente infinito: nada. Soy un átomo de silicio en una playa cualquiera. Nadie tiene un plan para mí, el Cosmos ni siquiera se imagina mi existencia, y como tal, no va a preocuparse por decidir mi futuro.

He escuchado muchas veces, a manera de consejo, que no se necesita ser religioso para ser espiritual. El problema, mí problema, es que yo no puedo ser ni lo uno ni lo otro. Quizás estoy pensando demasiado, pues creo que para ser espiritual la razón no nos es de ninguna ayuda. Lo espiritual va más allá del raciocinio, es un instinto, es algo que se consigue yendo más allá de los simples pensamientos. Es abandonarnos a algo más grande que nosotros mismos. Sin embargo, yo no me siento capaz de hacerlo, por más que lo intento.

3 de julio de 2016

Lo que aprendí en 10 años.


No hace muchos días que cumplí 30 años. Creo que, cuando se cumple una década, sucede lo mismo que cuando culmina un año: tenemos ese deseo irrefrenable de ver hacia atrás para apreciar lo que hemos hecho, reflexionar acerca de dónde estamos y planear el camino por el que hemos de dejar marcados nuestros pasos; pero, a diferencia de los objetivos que se plantean cada 31 de diciembre, cumplir una década ofrece la oportunidad de afrontar retos mayores, pues sabemos que contamos con más tiempo para salir bien librado de ellos, Lo peligroso del asunto es que, al ser nosotros seres en estado de continua evolución en nuestra manera de pensar y de percibir al mundo, lo que hoy nos parece adecuado, quizás dentro de un par de años luzca como lo más absurdo que alguna vez pudimos concebir.

Sin embargo, hoy quiero hacer una minúscula comparación entre cómo veía yo la vida hace 10 años, al cumplir 20, y cómo la veo hoy, con 30 ciclos anuales completados. Para empezar, debo confesar que para mí significó un cambio más dramático pasar de los 19 a los 20, pues sentía una gran conmoción al pensar que, cuando me preguntaran mi edad, iba a dejar de comenzar la frase con "dieci..." para decir "veinti,.." y eso era algo que, en la insignificancia de mis problemas de aquéllos días, me causaba un gran conflicto. La vida, al comenzar los veintes, se veía mucho más sencilla, y yo creía tener el plan perfecto para triunfar en ella. Uno que, además de todo, era muy sencillo; tan sencillo que me parecía ridículo que otros no se dieran cuenta de que ése era el secreto, la gran receta: haz aquéllo que te haga sentir contento.

Sigo pensando que realmente es ésa la fórmula, pero tiene un pequeño truco que impide que las cosas sean tan fáciles como podrían parecer a priori, y se trata de que, para encontrar algo que te haga sentir contento, debes probar primero muchas cosas que, o te harán sentir mal inmediatamente, o que serán satisfactorias en un inicio, pero en las que eventualmente perderás el interés. Así que la fórmula está ahí, escrita y visible para todo el mundo. No es ningún secreto ni algún misterio que sólo conozcan los monjes budistas o los iluminados maestros tibetanos. Pero lo difícil, y lo que todos debemos hacer por nuestra cuenta, es encontrar el valor de las variables que resuelvan esa ecuación en función de nuestros propios sentimientos y deseos. 

Quiero decir que hay que llevar a cabo muchas pruebas, a veces es necesario desandar un camino que habíamos tomado con mucha decisión, con el fin de reconocer que el que nos habíamos negado a recorrer era realmente el adecuado. Otras ocasiones deberemos simplemente dejar de caminar; esperar, observar, escuchar y tantear el entorno para saber no sólo si nos conviene continuar, sino también para decidir con qué actitud hemos de enfrentar lo que nos vamos a encontrar.

Creo que eso es lo más importante que aprendí en esta década. No sé si dentro de diez años, al leer esto, sonreiré al ver confirmada mi teoría, o simplemente me dará pena la ingenuidad de la que mis pensamientos eran prisioneros en este momento. Habrá qué esperar 120 meses para saber la respuesta, pero sé que dejaré un registro escrito al respecto.

24 de enero de 2016

Cuando el cine te hace reflexionar. Un ensayo sobre Feminofilia.


Durante el transcurso de esta semana acudí con mi novia al cine a ver una película llamada La Chica Danesa [The Danish Girl], la cual trata sobre la historia de la primera mujer transexual registrada por la historia y retrata el proceso que siguió para lograr que su cuerpo coincidiera con lo que su mente sentía que realmente era: una mujer.

En posts anteriores he dejado claro que nunca me he sentido muy cómodo con las divisiones que la sociedad marca entre lo masculino y lo femenino; obviamente hay que respetar aquéllas que la naturaleza traza, pues por más que algún hombre deseara con todas sus fuerzas vivir la experiencia de dar a luz, o una mujer quisiera tener su manzana de Adán, existen limitaciones. Mi descontento va encaminado hacia cuestiones menos restrictivas. Gustos y actividades que nuestra sociedad moderna ha establecido como propias de uno u otro género.

La mencionada película me recordó sobre una actividad parecida, en principio, a la transexualidad, pero sin consecuencias tan definitivas como una operación de los genitales para cambiar definitiva e irreversiblemente de género: el Travestismo, también llamado Feminofilia. Creo que este tema es uno de los más tabúes en nuestra sociedad y, por lo mismo, existe muy poca información al respecto y mucha gente desconoce exactamente lo que es un travesti o un feminófilo. Hagamos un experimento mental: ¿qué te imaginas al pensar en la palabra travesti? Seguramente visualizas a alguien que se ha puesto implantes de senos y que utiliza vestuarios femeninos vulgares para ganarse la vida en espectáculos de bares gay o ejerciendo la prostitución homosexual.

La realidad es que un travesti es una persona (puede ser hombre o mujer) que disfruta vistiendo prendas que la sociedad ha clasificado como "del sexo opuesto". Esa es la definición más simple del término, aunque, como en todos los aspectos de la vida, tiene muchísimos matices y lagunas. ¿Los motivos? Son muchísimos y dependen de cada persona: olvidarse del estrés de ser uno mismo, ser tratado momentáneamente como un miembro del género opuesto, o simplemente disfrutar de la variedad del vestuario femenino (en el caso de los feminófilos,  que son hombres que disfrutan vistiendo prendas femeninas). Cada uno tiene sus razones, pero algo está claro: Ningún feminófilo tiene las ganas ni la intención de operarse para cambiar su sexo definitivamente, ni tampoco siente atracción por los individuos de su mismo género. Si hay alguno que dice lo contrario es porque no es un feminófilo, sino un transexual.

Es debido a esta confusión que se da en la mayoría de las personas que escuchan la palabra "travesti", que los feminófilos son un caso sobre el que casi no se ha arrojado luz, y por lo que se tienen muy pocas estadísticas al respecto. ¿Tiene algo de "malo" sentir atracción por usar faldas, vestidos, tacones, medias y lencería si eres hombre, o camisas, pantalones, trajes y corbatas si eres mujer? Reflexiona un momento antes de dar una respuesta. Piensa si, además de la que los humanos les ponemos a nuestras mascotas, alguna vez has visto a un animal con ropa. La respuesta es no. La ropa es un invento meramente humano, es algo sobrenatural (en el sentido estricto de la palabra: fuera de la naturaleza). Siendo así, son las personas quienes han dictado y establecido normas para asignar roles a la ropa (cosa que en el sentido más profundo es absurda, un traje es un traje, no es masculino ni femenino) sin tomar en cuenta los gustos de cada quien.

Es curioso que la homosexualidad sea un fenómeno más aceptado socialmente que el travestismo, pues a la gente parece causarle un corto circuito en sus neuronas el hecho de que haya hombres que gusten vestirse de mujeres y que mantengan el gusto por éstas, sin que deseen transformarse permanentemente en una de ellas. Dejando de lado el estigma social yo te pregunto ¿tiene algo de malo que a un hombre le guste usar faldas? No. Es simplemente tela cosida en una forma determinada. Sí, quizás ese hombre se siente como una mujer mientras viste esa falda, pero no creo que tú que lees este post nunca te hayas imaginado lo que sería pertenecer al sexo opuesto.

Esa fantasía es algo momentáneo, pasajero y que no causa ningún mal a nadie si se habla a tiempo y con sinceridad. Quizás a ti te gusta más tomar agua que refresco, o prefieres gatos y no perros. Hay alguien a quien gustan más los vestidos que los trajes. Yo conozco a alguien así y no me causa ningún conflicto. Ojalá que la sociedad dejara de ser tan restrictiva y se centrara en temas más importantes que el tipo de ropa que cada quién prefiere usar.

Lamentablemente, como ya mencioné antes, no existe mucha información al respecto, puesto que se suele pensar que transexualidad y travestismo o feminofilia es la misma cosa. No hay muchos estudios, literatura, documentales o películas al respecto, y creo que se debería hacer algo para acabar con esta confusión. Espero que este pequeño artículo sirva aunque sea un poco para aclarar las cosas.

2 de enero de 2016

Tan sólo una reflexión, quizás sin mucho sentido... quizás con todo el sentido.

En uno de esos momentos de inspiración que repentinamente llegan mientras uno toma una ducha, me vino a la mente una frase digna de estar en una novela (quizás algún día). La frase en cuestión es "sabes que has madurado cuando ya no estás orgulloso de tus vicios". Cuando yo era un adolescente me consideraba adicto a la Coca-Cola. Simplemente me gustaba mucho tomarla y recuerdo que cuando visitaba a mis primos, una de mis actividades favoritas era presumirles que yo era capaz de beber casi un litro de manera casual, digamos mientras comía.

Ahora me doy cuenta de que ¡aquéllo era bastante estúpido! pues el daño que a la larga eso podía hacerme era algo que en ese momento no veía. Yo estaba orgulloso de mi vicio, y hacérselo saber a medio mundo era algo que me gustaba demasiado, pues eso me hacía creer que me veía cool. Extrapolando eso al mundo del alcohol, estoy convencido de que es lo mismo que sucede, quizás a nivel psicológico, cuando tratas de comparar tu manera de ingerir bebidas embriagantes con tus amigos. Cuando escuchas o participas en una plática después de haber asistido a una fiesta es común escuchar frases como "ese güey se puso pedo de volada" "yo me tomé [ingrese aquí cantidad y marca de alcohol. Entre más, mejor]" y similares. Lo curioso del caso es que, entre más cantidad de alcohol se ingiera, más respeto tendrá el sujeto en cuestión entre su grupo de amigos. Entré más bebedor seas, serás mejor visto por la sociedad. ¿Qué coherencia hay en eso? 

No soy ningún estudioso de la psique humana ni pretendo serlo, pero estoy convencido de que el gusto por el alcohol en exceso exhibe un importante grado de inmadurez. Creo que la mayoría de los jóvenes en México atravesamos una etapa en la que beber alcohol es emocionante, pues generalmente lo hacemos en la adolescencia a escondidas de nuestros padres y eso nos hace sentir rebeldes, poderosos y en control de las situaciones. No veo nada malo en ello, pues puede considerarse un comportamiento normal o natural. El problema viene cuando nos quedamos en esta etapa, pues seguimos bebiendo con la misma actitud aun cuando ya no tenemos que escondernos de nadie.

Hay quienes incluso ponen como pretexto que beben para pasar un buen rato con sus amigos. Yo creo que los momentos se disfrutan mucho más estando en tus cinco sentidos. ¿Necesitas alcohol para ser divertido? Entonces eres patético. También estoy en profundo desacuerdo con las personas que viven toda la semana esperando que sea viernes para ir de "antro" o que están desesperadas desde el miércoles por una cerveza. ¿Acaso no pueden imaginar otras maneras de pasar un fin de semana? ¡Hay otras actividades! Mismas con las que, incluso, pueden disfrutar un rato más agradable y que implicarán un gasto menor.

Pero en fin, esta es sólo la opinión de un abstemio, que no siempre fue así. Sin embargo, llegó el momento en que decidí no estar orgulloso de mis vicios y desprenderme de ellos lo más pronto posible.

1 de enero de 2016

No es enojo, es decepción.

Quizás lo siguiente suene muy dramático, pero es la verdad: fui defraudado por México... y esta vez, para hacerlo aún más triste, no fue por su gobierno, sino por su población. La situación puede resumirse en que solicité una beca para mis estudios y, a pesar de cumplir todos los requisitos para obtenerla, me fue denegada.  Obviamente, la primera reacción es explotar en contra del comité encargado de la asignación de los apoyos económicos pero, después de una serie de reflexiones y de conversar con mi novia, me di cuenta de que los únicos culpables son quienes solicitan la beca sin necesitarla.

Y es que no estoy implicando que sea malo solicitar al gobierno un apoyo como recompensa a nuestro esfuerzo escolar, pues soy consciente de lo que cuesta obtener una calificación por encima de los 85 puntos: desvelos, frustración, cansancio, lágrimas... lo que se me hace injusto es mentir en la solicitud; dar a entender que prácticamente duermes en el suelo junto con ocho familiares en un cuarto sin techo en mitad de la selva a merced de las inclemencias del clima, y que además tu papá mantiene a los 8 con un salario mínimo, cuando la realidad es que vives en una zona residencial, asistes a la Universidad en tu propio automóvil y haces tus tareas escolares en una computadora de gama alta mientras te comunicas con tus amigos a través de tu ultra moderno smartphone y te pones de acuerdo con ellos para ver en qué bar o en qué concierto te vas a gastar el dinero de la beca.

Todo eso hizo surgir una pregunta elemental: ¿Hasta qué punto somos los ciudadanos culpables de todo aquéllo por lo que criticamos al gobierno? Yo creo que el porcentaje es muy amplio. Y no se malentienda este post como una manifestación de apoyo al gobierno, pues la podredumbre y corrupción inherentes a él hablan por sí mismos, pero es verdad que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Tenemos gobernantes soberbios, mentirosos, corruptos e injustos porque nosotros somos así también. Quizás en menor medida, pero los mismos adjetivos aplican a nosotros los pobladores en general.

Yo creo que este inicio de año puede servir como un buen pretexto para plantearte ser una mejor persona, pues aunque creas que ya lo eres hay muchos aspectos que puedes mejorar. Si tus padres están en posibilidades de darte lo que quieres con tan sólo estirar tu mano y pedírselos, deja las becas para aquéllos que en verdad las necesitamos para algo útil y no únicamente para alcohol y ropa de marca. Haz de hoy el día en que pararás de dejar la basura en ese teléfono público o entre los asientos del camión y comenzarás a guardarla en tus bolsillos y depositarla en un bote de basura. Dile a la señora de la tienda que se equivocó al darte el cambio y te dio de más. Si encuentras una cartera, una mascota o un celular, piensa que es de alguien y que tu obligación es regresarlo sin pedir ni aceptar ninguna recompensa, pues a ti te gustaría que hicieran lo mismo por ti. 

Sé esa persona del bien aunque el mundo sea del mal. Quizás los gobernantes seguirán siendo unos patanes aprovechados y querrán todo para ellos y nada para el pueblo pero, al menos, tendrás la oportunidad de recriminarles, criticarles y exigirles con calidad moral, sin llorar por que se aprovechan de ti mientras tú te aprovechas de los demás.


8 de noviembre de 2015

Homenaje a los hispanohablantes.


Dedicado a mi amigo Alejandro Marmolejo, quien me dio la idea de escribirlo.

Siendo el español una de las 68 lenguas oficiales de México (esto es en serio) y dado que lo hablamos en nuestro día a día, tendemos a minimizar la complejidad del idioma frente a, por ejemplo, el Alemán o el Inglés (y es que bueno, como mexicanos tendemos a minimizar todo lo nuestro frente a cualquier cosa extranjera, pero ese es tema aparte) siendo que no hay razón por la que debamos hacerlo.

Dicen las malas lenguas (chiste fácil) que es más sencillo para un hispanohablante aprender el Inglés, que para un angloparlante aprender el Español, y ello se debe, entre otros factores, a la compleja conjugación de los verbos para cada pronombre y para cada tiempo verbal, y a los múltiples sinónimos que definen a un mismo sustantivo. Y de eso quiero que trate este post. Centrándonos en nuestro país, haré cuenta de los conceptos que tienen la mayor cantidad de palabras para designarlos.

Cerdo.- Refiriéndome al animal y no a lo que le gritan las mujeres a los hombres pervertidos. Podemos encontrar que además de cerdo se le dice cochino, puerco, marrano y, en algunas provincias le llaman cuchi o cuchí.

Burro.- También hablamos del animal, no de esos alumnos a quienes no les gusta estudiar. Es además llamado asno, jumento o borrico, todas las acepciones aceptadas por la RAE.

Automóvil.- Se le dice también carro, coche, auto, carcacha (éste último quizás de manera un tanto despectiva).

Amigo.- O cuate, camarada, carnal...

Estoy consciente de que muchos de estos son regionalismos o lenguaje coloquial, pero la mayor parte de ellos son comunes en casi cualquier parte del país. No es de extrañarse que a los extranjeros les salgan canas verdes al tratar de aprender nuestro vilipendiado idioma. ¿Conoces otra palabra con estas características? Siéntete libre de ampliar la discusión en los comentarios.
 


17 de noviembre de 2014

Hecho en México.

Mi vecino reúne todas las característica que desprecio en una persona. Es un ser humano mediocre, sin metas ni aspiraciones reales. Su realización ocurre cada fin de semana, cuando su novia le trae varios paquetes de cerveza y comienzan a tomar desde las 14 hasta las 00 horas escuchando música de bandas, corridos y baladas baratas.

Me molesta mucho, y no por el hecho de que se trate de él en particular, sino porque actualmente veo esa tendencia en muchas personas de mi generación y de las posteriores; conformarse con que llegue el viernes para embriagarse, cantar a todo pulmón y esperar a que llegue el lunes para quejarse y arrastrarse por la vida hasta el viernes, cuando la historia se repite.

¿Tiene un trabajo? Sí. Es mesero. Y no digo en absoluto que trabajar de mesero sea malo. Lo que sí es malo es que no tenga ese empleo con afán de crecer, de superarse, se que sea un trampolín para llegar a otro lugar. Lo único que pretende lograr es obtener el dinero suficiente para comprar alcohol, botanas y cigarros para encerrarse en su casa a beber y fumar, bajo el argumento "esto es vida".

Nada más alejado de la realidad. Si bien puede parecer vida en este momento, dudo mucho que al llegar a la vejez no se arrepienta de haber desperdiciado el tiempo de su juventud, cuando tenía la fortaleza y la energía para lograr las metas que se planteara.

Si más personas como él reflexionaran y se decidieran a mejorar, crecer y desarrollarse, otro gallo le cantaría a México.

29 de julio de 2013

Hitos de la humanidad


La antigüedad de los humanos sobre la faz de la Tierra se estima en 2.4 millones de años, con la aparición del Homo Rudolfensis (especie más antigua del género Homo). Ni siquiera somos capaces de imaginar una cantidad tan grande de años, y sin embargo, Carl Sagan ejemplificó ésto de una forma magistral en su conocida serie Cosmos: Si hiciéramos un "calendario cósmico" tomando el Big Bang como las 00:00 del primero de enero, y este instante como las 23:59 del 31 de diciembre, nuestra especie tendría no más de 1 minuto de existencia.

Desde esta perspectiva es desde donde me gustaría establecer el contexto para una reflexión interesante. En un "minuto cósmico" la especie humana pasó de tener únicamente los más rudimentarios instintos a ser los habitantes más inteligentes que alguna vez han poblado la Tierra. Dominamos el fuego, inventamos la rueda, y la agricultura nos permitió adquirir un estilo de vida sedentario. Una vez establecidos, no nos conformamos con conocer únicamente nuestra aldea local, sino que tomamos grandes riesgos para emprender viajes de exploración, fuimos más allá del horizonte y descubrimos poco a poco la vastedad de nuestro planeta.

¿Fue eso suficiente? Por supuesto que no. Construimos naves capaces de llevarnos a la Luna y ahora sopesamos la posibilidad de explorar a nuestro vecino rojo, pues nos mueve la esperanza de que alguna vez haya albergado agua en estado líquido. Hoy en día encendemos un foco con la sencillez de oprimir un switch, pasando por alto aquellas dificultades que vivieron personajes como Faraday, Tesla, Edison, Volta, Ampère y un largo etcétera. 

Desde nuestro pequeño y pálido punto azul, hemos podido determinar la edad aproximada de nuestro universo y teorizamos acerca de su origen, desentrañamos día con día las leyes que lo rigen; desde sus partículas más elementales hasta los cúmulos de galaxias más lejanas, tan lejanas que la luz misma tarda miles de millones de años en llegar desde ahí hasta nuestros telescopios. Con la decodificación del genoma humano, tenemos en nuestras manos nuestra propia evolución ¿a caso no lo encuentran sorprendente?

Al pensar en todo ello, me siento orgullosamente parte de esta gran especie que somos los seres humanos, y sueño con formar una pequeña fracción de sus progresos a través de los años y a veces deseo que las mentes jóvenes y creativas sintieran esa misma sensación, que quisieran trascender y llevarnos más allá, en lugar de solo desear que llegue el fin de semana para emborracharse y ahogar en etanol o en estupefacientes esas neuronas que son capaces de dar mucho más.

4 de enero de 2013

Todo es culpa de las pseudociencias.


Probablemente, suene familiar una llamada "Ley de la Atracción", término utilizado por una escritora de nombre Rhonda Byrne, para nombrar al supuesto efecto de conseguir las cosas con el mero hecho de desearlas, además de comportarse y actuar como si ya se tuvieran. En otras palabras, esta persona afirma que, si tú, querido lector inexistente, anhelas tener una linda casa grande con 5 autos en la cochera, un trabajo que te permita vivir sin preocupaciones y ser Rey de Inglaterra, lo único que debes hacer es desearlo con todas tus fuerzas.

Cualquiera que tenga un poco de sentido común (mínimo, no hace falta tener mucho) puede darse cuenta de lo fantasioso de tal idea; dado que aquellos que solo desean cosas se llaman soñadores. Quienes las consiguen son quienes establecen sus metas, trazan planes -coherentes- para conseguirlas y se apegan a ellos sin desistir hasta lograr aquello que desean.

Desafortunadamente, existen en el mundo personas bastante crédulas y  sin un ápice de escepticismo. Podríamos pensar que es un problema que aqueja a exclusivamente a aquellos que no tienen acceso a la educación elemental, pero no es así; estas falacias se han colado a los niveles más altos y menos pensados de la sociedad: profesionistas, mandatarios, políticos, etcétera, son presas fáciles de mentiras de las llamadas pseudociencias. Carl Sagan resume perfectamente la situación en un párrafo de su libro "El mundo y sus demonios":
"En el corazón del alguna pseudociencia [...] se encuentra la idea de que el deseo lo convierte casi todo en realidad. Qué satisfactorio sería, como en los cuentos infantiles y leyendas folclóricas, satisfacer el deseo de nuestro corazón solo deseándolo. Qué seductora es esta idea, especialmente si se compara con el trabajo que se suele necesitar para colmar nuestras esperanzas"
Las pseudociencias no solo juegan con las esperanzas de las personas, sino que lucran con ellas. ¿De qué forma? vendiendo libros y películas a un costo muy elevado, prometiendo revelar los secretos para conseguir aquello que se desea, vendiendo "medicamentos" homeopáticos; convenciendo a inversionistas de no hacer negocios, basados en los horóscopos o en videntes, o simplemente reprimiendo deseos por miedo a un castigo divino.

Ejemplo reciente de este tema fue el supuesto fin del mundo el año pasado. Basados en las "predicciones mayas" multitud de personas fueron embaucadas, hubo quienes compraron amuletos, construyeron refugios subterráneos o tomaban decisiones con base en que la vida terminaría el 21 de diciembre de 2012, aún siendo que autoridades científicas se cansaron de decir que no había evidencia de que los mayas predijeron tal suceso. 

Existe, sin embargo, una ley de la atracción que sí funciona, aquella que dice que:
"La atracción entre dos cuerpos es directamente proporcional al producto de sus masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa".
Se llama Ley de la Gravitación Universal y es ciencia pura. ¿Quieren saber cómo conseguir sus objetivos? Luchando por conseguirlos, no hay manera fácil para ello.

28 de diciembre de 2011

Un análisis de 2011


Un año más está a punto de abandonarnos, y estamos justo en esa incómoda etapa de autoevaluación; nos encontramos analizando nuestros logros durante el trancurso de este año, además de aprovechar para plantearnos nuevas metas para los 366 próximos días (2012 será bisiesto). Puedo decir que, aunque no cumplí la mayoría de los objetivos propuestos para 2011, fue sin duda un excelente año que me permitió lograr metas que no me había propuesto, pero que resultaron vitales en el exitoso desarrollo de mi vida.

Así, en marzo acabé oficialmente mi prepa, a través del exámen único, y en junio me convertí de nuevo en estudiante, al ingresar a la educación superior. 2011 me sirvió para darme cuenta de que cualquier cosa se puede lograr si se pone el suficientemente empeño en ella; puede sonar a cliché, pero es simplemente la verdad.

Hubo cosas negativas, tristes y "malas" también; el término de una relación sentimental que para mí fue importante, fallecimientos de miembros de mi familia, muchos cambios de empleo, distanciamientos, peleas, reproches, lágrimas.

Y sin embargo aquí estoy, dando gracias y sonriendo por que sigo de pie a pesar de todo, porque el núcleo de mi familia está unido y por las grandes oportunidades que tengo al frente, y puedo decir con toda sinceridad que lo mejor que me dejó este año es la curiosidad por conocer lo que tráerá el siguiente, y las ganas de hacerlo aún mejor que el aún presente.

Buen 2012, gente.

22 de febrero de 2011

¿Pasión o perfección?


En el post anterior publiqué que uno de mis propósitos para este año era escribir algo en mi blog al menos cuatro veces a la semana. Ha transcurrido un mes y medio y ésta es la primera entrada que escribo desde entonces... Vaya manera de empezar, ¿no? Pero como se suele decir: más vale tarde que nunca. Generalmente en mis momentos de ocio (que suelen ser muchos) mi mente comienza a tratar de analizar situaciones, y a veces esos momentos traen consigo algunas buenas ideas o temas sobre los cuales escribir en este espacio. Lo malo es que a menudo olvido esos temas a los cinco minutos, y cuando estoy sentado tras el teclado no tengo nada bueno para pubicar. Así que este post lo utilizaré simplemente como un comienzo para tratar de agarrar el hilo nuevamente.

Iba yo en el camión un día con mis audífonos puestos escuchando cierta canción de Dream Theater. Para quienes no están familiarizados con la banda, rápidamente les digo que su música es de un grado muy alto de complejidad, llámándole a veces "música para músicos" dada la constante utilización de compases irregulares, sólos llenos de virtuosismo y complejas armonías. Puse especial atención en un solo de guitarra, magistralmente ejecutado por un siempre preciso John Petrucci y en eso me surgió la siguiente interrogante: ¿Realmente vale la pena sacrificar pasión por perfección?


Y me pregunté eso porque al escuchar el solo de guitarra, me di cuenta de que no me transmitía ningún sentimiento en especial; aquello era simplemente una rápida -muy rápida- sucesión de notas carentes de significado.
La música es un arte, y como tal, el fin último no es conseguir la admiración del espectador, sino provocar en él un sentimiento, un pensamiento, una reacción o una instrospección. El señor Petrucci podrá ser un excelso guitarrista en cuanto a técnica y velocidad se refiere, pero a veces se dice más con 3 notas saliendo del alma que con 200 viniendo de las puntas de los dedos.


1 de octubre de 2010

In Memoriam




El 1 de octubre del 2005 falleció uno de mis tíos, el Ingeniero Agrónomo José Luis Sarreón Tristán. Un hombre destacable en todos los aspectos de la vida y recordado con cariño por mucha gente. Carismático, noble, trabajador, responsable, sabio y justo son los adjetivos con los que lo describo, pero también talentoso para el verso; y para muestra el siguiente botón:

"Este mundo es una noria,
y nosotros los habitantes
somos los cubos colgantes.

Uno gime en lo profundo
otro, arriba, está en la gloria
pero no cante victoria
que el que sube bajará.

Por eso este mundo es una noria."

Estos párrafos encierran ese concepto que llamamos Justicia, que no es otra cosa que el equilibrio que el universo guarda en todas sus ramificaciones.

Donde quiera que te encuentres Padrino, descansa en paz.


10 de septiembre de 2010

Éxito: Tan sólo un concepto

Todos hemos escuchado y pronunciado esta palabra en incontables ocasiones, y forma parte ya no sólo de nuestro léxico, sino de nuestro sub-consciente también y en una medida muy importante; si nuestro comportamiento estuviera programado en nuestro cerebro cual si de robots de tratara, seguramente alcanzar el éxito sería una de las instrucciones principales. Todos entendemos lo que es el éxito ¿cierto?...

Seguramente la respuesta será "sí" de forma mecánica, pero presiento que habrá muchos que no sabrán definir el éxito con sus propias palabras, y se quedan con la idea que el inconsciente colectivo nos brinda: Ser exitoso es tener una casa grande en una zona nice, un buen carro, una buena esposa y un excelente trabajo que nos permita mantener todo lo anterior.

Para mí ese concepto no funciona, por la simple razón de que no quiero hacer eso con mi vida. Cuando estudiaba música, no fueron pocas las personas que me dijeron que estudiara algo de verdad, porque eso no me iba a llevar a ningún lado y me moriría de hambre (y creo que a todos los que estudian Arte les han dicho lo mismo) y mi respuesta siempre era: si muero de hambre está bien, pero al menos tendré la tranquilidad de saber que morí haciendo con mi vida exactamente lo que quise. Ese para mí es el verdadrero éxito.

6 de septiembre de 2010

¿Quienes son los locos?


Hoy me paseaba por el centro de la ciudad, completamente inmerso en la monotonía que a veces -y de manera preocupante- parece invadir la mayor parte de la cotidianidad. Caminaba por la acera sin prestar demasiada atención a mi alrededor, revolviéndome entre la masa de gente que me rodeaba, sin fijar la vista en nadie, ignorando a los individuos que pasaban junto a mi siguiendo una rutina probablemente más arraigada que la mía.

De pronto vi algo que me sacó de la absorción en mis propios pensamientos: afuera de lo que parecía ser el edificio de una botica, cuatro perros esperaban, estaban perfectamente formados y si de humanos se hubiera tratado, podría decir que se encontraban en posición de "firmes." Unos segundos después, una voz grave y entonada se materializaba poco a poco, aprovechándose del efecto doppler y otras leyes de la física.

La expectación inicial por ver a los perros en tan inusual posición se transformó en incredulidad cuando, de la botica vi salir a un vagabundo, (con toda la parafernalia que nuestra imaginación dibuja al escuchar la palabra: cabello canoso asomándose bajo una boina rota, prominente barba, un tubo a manera de bastón, huaraches desgastados y ropa irreconocible.) y era él quien cantaba con una voz casi prodigiosa.

Una vez estuvo en la calle, continuó cantando a todo pulmón mientras la gente no paraba de verlo y reirse de él mientras murmuraban "está loco." Los perros lo seguían y parecían estar orgullosos de su amo; su aparente falta de intelecto impedía que emitieran un juicio burlón hacia él. Y entonces llegó la epifanía.

La gente llama loco a un hombre que no tiene empacho en hacer aquello que lo hace feliz, aquello que libera su alma y que le nace de lo más profundo de su ser. El vagabundo canta alegre, sin preocuparse por lo que la gente "cuerda" piensa de él. Canta, sonríe, camina con sus perros.

Entonces ese loco no es tal, quienes tenemos padecimientos mentales somos todos los demás que somos frenados por la opinión de la gente, por tontas reglas sociales que nos dicen que no es de normales cantar en la calle cuando queremos hacerlo. Necesitamos terapia por parte de aquél loco atrevido, ipso facto.

25 de agosto de 2010

La degradación del arte musical


La música ha coexistido con la humanidad desde que ésta aprendió a crear ritmos, y es probablemente la rama de las artes que más evolucion y cambios ha sufrido durante su existencia. Corrientes, géneros, exponentes, épocas, temáticas, experimentación y tendencias han marcado el camino que ha seguido a lo largo de su convivencia con el ser humano, y a diferencia de otras bellas artes como la escultura, la arquitectura o la cinematografía, la música parece dar la sensación de estar más al alcance de cualquiera que decida incursionar en ella, derivando en la creencia de que cualquiera puede crear una pieza musical.

En la antigüedad, la música tenía el status que realmente merece, era apreciada por todos pero interprerada sólo por unos cuantos elegidos; juglares y trovadores (verdaderos, no las mil réplicas de Fernando Delgadillo de hoy en día) que contaban leyendas con sus canciones, posteriormente por músicos y compositores que llenaban las cortes reales con piezas orquestales de una belleza y complejidad impresionantes.

En aquellas épocas, no era frecuente ni sencillo que alguien se convirtiera en músico, porque se estaba conciente de que se requería algo mucho más importante que las ganas y el gusto por el citado arte: el Talento, esa palabra tan infravalorada en nuestros días. Es debido a esta situación que considero a la música como el arte más degradado, porque, en otras palabras, se le ha perdido el respeto.

Ahora resulta que cualquier pelele que sabe hacer 6 power chords en una guitarra, o aquel que sabe un ritmo básico de 4/4 en la batería ya es músico. El talento mainstream en nuestros días parece basarse en la capacidad del autor por escribir letras cursis y arreglos melosos; no digo que no exista genuino talento, porque lo hay, pero se encuentra escondido en un lugar muy alejado y de difícil acceso para las masas.

Probablemente la música sea el arte más accesible, puesto que está presente en todos lados, pero accesibilidad no significa que cualquiera puede subir a un escenario, tomar algún instrumento y pretender ser un artista. O ¿a caso han visto que una persona común tome un cincel y un martillo y comienze a darle forma a un bloque de piedra? ¿Por qué debe ser diferente el hecho de tomar una guitarra y comenzar a escribir una canción?

Démosle a la música el respeto que se merece como arte. Si quieren convertirse en verdaderos músicos estudien los aspectos técnicos, practiquen, dedíquen tiempo para desarrollar el talento y que el término "artista" no les quede grande.

19 de agosto de 2010

Apple y su influencia en la cultura popular


Aceptémoslo, Apple está de moda aunque no nos guste. La mayoría de los blogs de tecnología publican al menos un post al día sobre algún tema relacionado con la manzanita mordida: el antennagate del iPhone 4, rumores sobre una probable iBike o un iPhone con tecnología CDMA, el drama Apple Vs. Adobe, Jobs prohibiendo apps, Jobs aceptando apps, especulaciones sobre los resultados de iAds y un muy largo etcétera. Apple es el mejor ejemplo de aquél dicho que asegura que no hay publicidad mala.

La llamada electrónica de consumo tiene como uno de sus mayores protagonistas a la citada compañía, siendo la gama de iPods un factor de mucho peso en esa categoría, además de que la llegada del iPad -recibido entre opiniones divididas- ha incrementado de manera exponencial la popularidad de los de cupertino, quienes son también conocidos por ser maestros de la mercadotecnia, al vender, además de un producto, la idea de estar a la moda al tener sus dispositivos.

Como sabrán, la marca cuenta con su propio ejército de seguidores, llamados Apple Fanboys o simplemente Fanboys, quienes tienen (tenemos, confieso que soy uno de ellos) una especial admiración por todos, o la mayoría de los productos desarrollados por Apple Inc, y además de eso, defienden a capa y espada las decisiones tomadas por su CEO: Steve Jobs. Pero se distinguen claramente dos tipos de Fanboys:

El primero es un viejo lobo de mar, seguidor de la marca desde sus inicios y conocedor de las diferentes etapas de la empresa, sus primeros éxitos y sus primeros fracasos. Sabe de la existencia del Apple I, II, Lisa, McIntosh; la salida de Jobs y su regreso triunfal; conoce la gama de Macs, MacBooks, iMacs, las distintas versiones de Mac OS y sabe la importancia de Wozniak, Wayne, Markkula, Sculey y el mimso Gates dentro de la historia de la empresa.

El segundo tipo, que parece estar proliferando de manera alarmante, es aquel que compra los últimos aparatos lanzados al mercado por parte de Apple poniendo especial importancia al status que el gadget le dará dentro de su círculo social, aunque no tenga la necesidad de adquirir el producto y no sepa como sacar el máximo provecho de él. Esta situación vino a agudizarse con la popularidad alcanzada por el iPhone y se incrementó aún más con la llegada del iPad. Es tanto el halo de éxito, que al día de hoy el mero hecho de poseer uno de estos inventos automáticamente parece colgar una etiqueta de conocedor, tecnólogo, o geek, y es asombroso ver que en un afán por llamar la atención o sentirse parte de un movimiento, muchas personas recurren a la popularidad de la marca y sienten que esa misma popularidad se transfiere a su persona.

Apple vive el mejor momento mercadológico de toda su historia, y es cierto que es resultado de la calidad, innovación y diseño de sus productos, pero el fenómeno se ve amplificado por una sociedad comsumidora que alimenta el espejismo de que entre más gadgets de Apple se tengan, mayor jerarquía social, popularidad y admiración se conseguirá, y el ser humano por naturaleza ama ser popular y admirado.

Para terminar, quiero decir que Apple no es el iPod, ni el iPhone 4, ni el iPad. Apple es una empresa con una historia mucho mayor que el gadget de moda, una compañía que fundó la era de la computación personal y que lidera, junto a otras, la innovación y el desarrollo tecnológico. Apple es una tradición y el ejemplo de que cuando las cosas se saben hacer, el éxito entra por la puerta principal.

17 de agosto de 2010

De la evolución tecnológica


Durante mi estancia en la Campus Party México, tuve la fortuna de asistir a una conferencia de Peter Sunde, co-fundador del que probablemente sea el tracker de BitTorrent más famoso de Internet: The Pirate Bay. Entre otras cosas, mencionó que a diferencia de los medios especializados y líderes de opinión, él no piensa que el momento que estamos viviendo sea una revolución, sino que se trata símplemente de una evolución, un proceso natural de cambio.

Fue una declaración que me puso a pensar varias cosas y a re-pensar otras. Hoy mientras caminaba por la calle, pasaron junto a mi tres chicas estudiantes de secundaria, una de ellas traía un celular y escuchaba música con el altavoz activado. Estoy perfectamente conciente de que es lo más normal del mundo... ahora.

Se habla de que las nuevas generaciones son "nativamente digitales" y probablemente lo son, ellos han nacido en la era de mayores avances tecnológicos y creen que tener Internet en casa es algo que ha sido siempre así, nunca vieron como alguien que hablaba por celular en las calles era motivo de miradas raras y creen que la música ha sido portable desde siempre. Parecemos asombrarnos y a veces hasta ofendernos por la total falta de asombro de los adolescentes, pero es un ciclo que se repite, y que nuestros padres vivieron con nosotros.

Para nosotros fue cosa común tener teléfono de línea en nuestro hogar, más de una televisión, una videocasetera, alguna de las primeras consolas de videojuego como el ATARI 2600 o el NES; la música ya la podíamos transportar en los walkmans, vivimos el auge del CD, y entregábamos nuestras tareas en diskettes, asombrándonos de que una investigación de 300 páginas pudiera caber en un dispositivo tan pequeño y portátil.

Seguramente si nuestros padres hubieran tenido blogs en esa época, habrían escrito también que nosotros fuimos una generación "nativamente tecnológica" y seguramente, cuando los adolescentes de ahora tengan hijos, escribirán que ellos son "nativamente teletransportables" o algo por el estilo, lo que nos deja claro que la historia siempre tiende a repetirse.