28 de diciembre de 2019

Mi década


El año 2019 ya casi termina y, con él, se va también la década. Dejando atrás la controversia de si las décadas se cuentan del cero al nueve o del uno al diez, creo que esta es una excelente oportunidad para realizar un análisis exhaustivo de lo que ha ocurrido en los últimos 3652 días, partiendo de la hipótesis de que la década que terminará el 31 de diciembre de este año, comenzó el 1 de enero de 2010. ¿Qué tanto sucedió en mi vida durante estos diez años? ¡Bastantes cosas! Muchas buenas, otras tantas malas, pero no cambiaría ninguna, pues todas me han traído a donde estoy en este momento. Ya que es imposible dejar constancia del total, plasmaré aquí lo que considero es lo más importante.

La década pasada viví una etapa hippie en la que decía que una carrera universitaria no era para mí, que había otras maneras de ser exitoso en la vida, y estaba completamente convencido de que la música era mi camino. Sin embargo, durante 2009 me di cuenta de que, si bien la premisa de que hay otros senderos hacia el éxito es verdadera, una carrera es una herramienta muy útil al momento de hacer un plan de vida. Fue así que en agosto de 2011 me matriculé en la carrera de Ingeniería Electrónica, egresando cuatro años y medio después y recibiendo mi título en el 2018.

También la década de los ‘10s sirvió para que cumpliera algunos sueños que había tenido desde mi infancia, por ejemplo, viajar en avión. Quizás para mucha gente pueda sonar como una meta muy mundana, pero hay que considerar el hecho de que soy, desde niño, muy aficionado a la aviación y he tratado de leer y aprender muchas cosas relacionadas con el tema. Sin embargo, no había tenido la oportunidad de viajar en uno de tan fabulosos aparatos. Este hecho cambió en enero del 2017 cuando, por cuestiones de trabajo, maté dos pájaros de un tiro: me subí por primera vez a un avión y salí del país también por primera vez. No solo eso; estuvo tan apretada la agenda de esa semana que tomé cinco vuelos diferentes en un espacio de siete días, pisando cuatro países en dos continentes: España, Suiza, Francia y Colombia. Fue un ¿querías volar? Pues ¡ahí te van cinco vuelos! En junio de ese mismo año volví a tener la oportunidad de viajar a Europa, pero esta vez a Alemania.

Ya en 2018 cumplí otro de mis sueños de niño, consistente en conocer mi ciudad extranjera favorita: Londres. Durante ese año también estuve en otras dos metrópolis europeas, tales como Barcelona y París. Viajes en el interior del país también hubo varios, y pude estar en lugares en los que no había estado antes, como Guadalajara, Jal.; Chihuahua Chih.; Ixtapa-Zihuatanejo, Gro.; Los Cabos, BCS.; y Villahermosa, Tab.; entre otros.

En cuanto a conciertos también fue una década bastante disfrutable. En lo referente a artistas internacionales tenemos:
  • Roger Waters en 2010, 2012, 2016 y 2018.
  • Metallica en 2010.
  • Dream Theater en 2010.
  • Foo Fighters en 2013.
  • Ariana Grande en 2017.
Y nacionales:
  • Bronco en 2017 (dos veces) y 2019.
  • Cardenales de Nuevo León en 2018.
  • Intocable en 2019.
Durante el 2011 me uní de nuevo a una banda de Rock como baterista. La agrupación se llamó Burdhelia y tuvimos la oportunidad de tocar junto a Atto & The Majestics. Lamentablemente, tuve que abandonarla debido a la falta de tiempo al estar estudiando mi carrera. Desde entonces no he vuelto a tocar con nadie más allá de algunos palomazos, pero ¡vaya que tengo ganas de hacerlo!

En 2014 me animé a escribir un cuento y meterlo a participar en un concurso. No gané ningún premio pero, para mí, la mayor recompensa fue haber tenido la disciplina para terminar un proyecto. Y la verdad es que sí estoy orgulloso de ese cuento.

Tocando el tema de la Literatura, esta fue la década en que más he leído en lo que va de mi vida. De acuerdo a mis registros anuales, en diez años leí un total de 78 libros, teniendo un promedio de 7.8 libros por año; sí, sé que podría ser mucho mejor, pero tampoco está nada mal. Además, fue en este lapso de dos lustros en el que descubrí al que hoy es mi autor favorito: Carl Sagan.

Entre finales de 2010 e inicios de 2011 tuve la gran oportunidad de trabajar en la librería Gandhi de Metepec y, aunque el lapso fue corto, ha sido una de las mejores experiencias que he vivido. Fue un tiempo enriquecedor, en el que conocí a gente muy culta en distintas disciplinas, como artes pictóricas, música, literatura, o cinematografía. Esto ayudó muchísimo a ampliar un poco mi acervo cultural.

A manera de resumen, una pequeña lista de lo mejor de esta década para mí:
  • El mejor viaje: Londres, Inglaterra. 2018.
  • La mejor serie televisiva: Game of Thrones. 2011
  • La mejor película: La Chica Danesa. 2015.
  • El mejor libro: La Ladrona de Libros. Marcus Zusak (es de 2005, pero yo leí el libro en 2014).
  • El mejor álbum musical: Wasting Light. Foo Fighters. 2011.
  • El mayor logro: terminar mi carrera. 2015.
  • La mejor experiencia: Steve Wozniak autografiando mi iPod Nano. Campus Party 2010.
  • La mejor adquisición: The Wall en vinil. Primera edición (1979). 2011.
  • El mejor concierto: Todos los de Roger Waters, pero me quedo con el de 2010 por ser el primero. 
En fin, que fueron miles y miles de cosas vividas y aprendidas, pero tampoco se trata de hacer esto una enciclopedia, así que aquí daré por concluido este postEstoy ansioso por descubrir lo que me depara la siguiente década, la de los ‘20s. Si sigo vivo al final de la misma, estaré compartiendo las experiencias aprendidas, a mis 43 años.

21 de abril de 2018

Una opinión masculina del feminismo.


El Feminismo es un tema delicado de tratar, especialmente por un hombre. Aquéllas quienes están en lucha activa por la igualdad y/o la equidad, pueden tildar de ignorantes a los hombres que traten de inmiscuirse en el tema debido a que ellos no sufren en carne propia la violencia, los abusos y las injusticias que el movimiento denuncia con ahínco. Más aun, es un pensamiento generalizado entre la sociedad que los hombres son los enemigos del Feminismo; que el género masculino es el principal objetivo de esas mujeres que cada 8 de marzo se manifiestan para exigir que cesen las diferencias salariales, culturales y sociales entre las dos mitades de la población mundial.

Sin embargo, creo firmemente que el movimiento feminista no está peleado con nosotros los hombres. No. El Feminismo no trata de erradicar a los varones. Esperando no ser catalogado de simplista, creo que el objetivo del colectivo feminista puede resumirse en cuatro palabras: acabar con el Machismo. Y es que "hombre" no es necesariamente sinónimo de "macho". Existen hombres que pueden ser excelentes aliados de las mujeres en su lucha por lograr la equidad de condiciones. ¿Cómo? Escuchando y atendiendo sus demandas, sus peticiones, dándoles el tan ansiado respeto que sin duda alguna se merecen. 

En mi mente está arraigada la idea de que este sería un mundo mejor si más mujeres estuvieran en posiciones de poder o tuvieran acceso a educación en niveles altos. Y no, no voy a caer en el error de generalizar y etiquetarlas diciendo que son más delicadas, con un sentido más amplio de la justicia o más dedicadas e inteligentes, pues no todas lo son. Se trata de una simple cuestión matemática: entre más personas tengan acceso a investigaciones o desarrollos, y más diversidad de ideas se tenga en aspectos políticos y administrativos, la humanidad sale ganando.

Lo triste de esta situación es que el Feminismo es una lucha que, desde este lado de la trinchera, parece que  tiene bajas posibilidades de triunfar, al menos en latinoamérica, pues el comportamiento machista de los varones está presente en las raíces mismas de la psique de sus individuos, y me refiero tanto a hombres como a mujeres. Eso sin mencionar que, cuando una feminista alza la voz para denunciar o exigir, es etiquetada de nazi. Es algo ridículo, pero real. He escuchado opiniones de congéneres que dicen que la línea entre el coqueteo y el acoso es muy delgada, y que se puede cruzar muy fácilmente y hacer que una mujer se sienta ofendida con un piropo o un "halago". Yo creo que más bien se trata de un error de diseño de nuestra conducta, pues el coqueteo es una expresión de acoso; quizás uno muy pequeño, pero acoso al fin y al cabo.

La esperanza radica en el hecho de que, a pesar de lo que nuestro comportamiento podría sugerir, los hombres somos capaces de razonar. Exhorto a todas las feministas a que continúen con su lucha incansable, porque aunque las cosas no van a cambiar ahora, son ustedes quienes están dando forma e impulso a las próximas generaciones, en un afán de que la manera de pensar de las futuras estirpes de la humanidad traigan implantados en su educación y pensamiento los conceptos de igualdad y equidad.

No quiero colgarme la etiqueta de feminista, pero soy un ferviente seguidor de su movimiento, de sus puntos petitorios, de sus exigencias, y gracias a los ecos que llegan de las batallas que ustedes van ganando, han logrado cambiar mi forma de pensar. Prometo, en nombre de un mejor futuro que asegure nuestra supervivencia como especie, educar a mis descendientes con igualdad de derechos y de deberes, el mismo acceso a juguetes para su diversión, el acceso a la misma información, educación y empoderamiento, sin distinción de géneros. Esa es mi deuda para con ustedes.

27 de enero de 2018

Mi primera semana en España.


Escribo esta entrada desde mi habitación de hotel, llamado Las Ruedas, en la región española conocida como Cantabria; puntualmente en el municipio de Bárcena de Cicero. En este momento son poco menos de las 10 en una fría noche de invierno del mes de enero. Resulta que he estado aquí desde hace una semana y me quedan 10 más. Estoy, cabe aclarar, por motivos de trabajo, no de placer.

Los primeros días fueron duros, ya que todo aquí es muy diferente a como es en México. A lo que más me ha costado acoplarme es a la manera de manejar, ya que los señalamientos son completamente distintos a los que estoy acostumbrado a ver, y las calles no tienen anunciado de manera clara el sentido en el que se recorren. El peatón es ampliamente respetado, y se le debe ceder el paso en cada lugar asignado para su cruce de la calle; los lugares de estacionamiento son escasos y la velocidad en áreas urbanas está restringida a 50 km/h.

Por la parte del clima, no es tan frío como yo lo imaginaba. Las temperaturas son bajas, sí, pero no muy distintas de las que hay en mi lugar de residencia en México. El problema es que las horas de sol son limitadas, ya que amanece poco después de las 8 y oscurece pasadas las 6 de la tarde.

Lo positivo del asunto hasta ahora han sido los estupendos paisajes de la región. El domingo pasado mis compañeros de trabajo me llevaron a los Picos de Europa, un lugar montañoso en donde había nieve y vistas espectaculares. También ahí tuve la oportunidad de subirme a un paseo en teleférico por primera vez.


Durante la semana también he estado yendo a la playa que se encuentra en un poblado cercano llamado Laredo, pero el nado es imposible debido a las bajas temperaturas que hacen que el agua esté más fría de lo que la mayoría podemos soportar. Eso sí, es placentero y relajante caminar cerca del agua, escuchando el romper de las olas en la costa.

Otro aspecto positivo de España, y de Europa en general es la seguridad que existe en las calles. Es posible caminar por cualquier parte y a cualquier hora sin el miedo que se siente en México a toparse con personas de dudosa reputación y educación. Aquí se puede dejar el automóvil estacionado en la calle sin necesidad del bastón de seguridad y con la certeza de que nada le sucederá. No hay baches, no hay perros callejeros ni basura tirada por las banquetas o en los parques. En fin y para resumir, me ha costado irme acostumbrando a estar aquí, pero confío en que las próximas semanas la estancia será más llevadera.

14 de enero de 2018

Una revisión del 2017.

Desde que inicié con este blog, nunca había pasado tanto tiempo sin publicar. Y es que durante el año pasado no escribí una sola entrada en este sitio. Es por ello que hoy me gustaría enmendar dicho alejamiento de las letras y comenzar este año con un nuevo post, que trata precisamente de una revisión personal del 2017.

A diferencia de lo que he acostumbrado hacer durante otros años, para 2017 no me tracé metas, e irónicamente creo que se trató de uno de los períodos anuales en los que más cosas logré. Tuve la oportunidad de comenzarlo y terminarlo al lado de mi novia, en una relación que es cada vez más fuerte y sólida.

Durante el año pasado al fin pude cumplir el anhelo de viajar en avión, y más veces de las que esperaba, pues en total abordé 7 vuelos, dos de ellos en mi avión favorito: el Boeing 747-400. Gracias a estos vuelos fue que tuve la ocasión de conocer algunos países europeos, y pasé la noche en dos grandes capitales del mundo, como fueron Madrid y Berlín.

En la cuestión laboral, fue un año de arduo trabajo, con jornadas larguísimas y desgastantes, pero que al final me dejaron un buen aprendizaje y ampliaron mi experiencia en mi campo de desarrollo, así que considero que tuve un crecimiento importante, además de que encontré nuevas áreas de interés en las que me gustaría incursionar más a profundidad durante este 2018.

Otro logro muy importante es que este año obtuve mi primer automóvil, que me ha permitido ser más independiente y también me ha dado la oportunidad de pasar mayor cantidad de tiempo con mi novia, ya que desde que ambos comenzamos a laborar, nuestro tiempo juntos se había visto reducido a causa de que no siempre nuestros horarios coinciden.

Un aspecto negativo de 2017 es que ha sido el año que menos escritura he realizado, pero es algo que definitivamente quiero corregir durante 2018, así como incrementar mis índices de lectura, que también se vieron afectados, especialmente desde que ya no viajo tanto en camión, pues era en éste en donde podía darme el tiempo de leer con mayor soltura.

Pues ¡a disfrutar este año y ver que sorpresas nos depara!

5 de noviembre de 2016

Mi vida en 2006.



Matemáticamente hablando resulta absurdo dudar que la diferencia entre 2016 y 2006 es 10. Sin embargo, al hablar no sólo de cifras sino de años, y aunque la diferencia sigue siendo 10, cuesta un poco de trabajo asimilar que esa cantidad de vueltas alrededor del sol ha pasado ya, pues se ha sentido como un abrir y cerrar de ojos.

Es signo inequívoco de crecer el hecho de sentir que los años pasan cada vez más deprisa; hoy en día un año no parece durar lo mismo que cuando nuestra edad rondaba los 5 o 6. Toda esta reflexión viene a colación de que hace 10 años sucedió un hecho que cambiaría el rumbo que mi vida seguía, y marca la primera de las circunstancias que me trajeron a donde me encuentro en mi presente. El 1 de noviembre de 2006 entré a trabajar a Atento C.C. Toluca, como operador telefónico de activación de tarjetas de crédito departamentales de Bancomer.

Antes de esto yo no trabajaba ni estudiaba (era un Nini, en el lenguaje coloquial). Me dedicaba a pasar mis días en Los Portales de Toluca con varios amigos vendiendo chocolates y cantando canciones de Green Day acompañados por un par de guitarras acústicas. Mi historial académico mostraba la preparatoria truncada en en cuarto semestre y un intento fallido de continuar estudiándola en el sistema abierto. Obtuve dicho empleo gracias a dos de mis primos: uno que ya laboraba allí, y su hermano mayor, que fue quien me llamó un par de días antes diciéndome que consiguiera una solicitud de empleo y me presentara a una entrevista ese mismo día.

Ya había trabajado con anterioridad, en empleos sencillos y mal remunerados, pero considero Atento como mi primer trabajo de verdad, pues fue ahí donde aprendí a hacerme responsable por mis acciones y a luchar y dar mi mejor esfuerzo para sobresalir y obtener un mejor puesto. Esa empresa me fascinó, desde el diseño de sus instalaciones con colores brillantes y formas geométricas en sus paredes, hasta las propias actividades que realizaba en mi día a día. Aprendí que el trabajo no era nada más una manera tediosa y molesta de obtener dinero, sino que brindaba la satisfacción de sentirse útil, de cumplir expectativas y plantearse metas y objetivos para ser una mejor persona.

Hoy, 10 años y 4 días después, y aunque me cuesta mucho creer que ha pasado una década, me encuentro trabajando en un ramo totalmente diferente a la gestión telefónica, pero esas enseñanzas las sigo poniendo en práctica, y con eso me quedo.

30 de octubre de 2016

¿Festejar Halloween me hace un mal mexicano? No lo creo.



Año tras año las redes sociales se llenan con publicaciones pseudonacionalistas que tratan de convencernos de que por ningún motivo deberíamos celebrar Halloween en este país, puesto que nosotros contamos con la versión mexicana del festejo, llamado Día de Muertos. Yo me pregunto ¿por qué no? La respuesta generalizada a esta interrogante es que celebrar la primera causa un directo perjuicio a la segunda, y colabora a que nuestra identidad y nuestras tradiciones se vayan perdiendo.

No podría estar más en desacuerdo con dicha postura. Y es que, si de verdad se trata de respetar las costumbres y tradiciones mexicanas, además de festejar el día de muertos deberíamos realizar sacrificios humanos cada 52 años con el fin de que los seres de la noche no dominen la Tierra, como hacían los aztecas.

¿Por qué esta campaña contra el 31 de octubre y no contra el Día de San Valentín, el Día de las Madres o Navidad? Ninguna de estas celebraciones tiene un origen mexicano, y no veo a nadie quejándose porque se conmemoran en territorio nacional.

Por el lado de conservar nuestras tradiciones, es algo que veo válido y necesario, pero estoy convencido de que Halloween y Día de Muertos no son mutuamente excluyentes, es decir, el hecho de celebrar una fecha no nos impide celebrar la otra. La responsabilidad de conservar y transmitir nuestros usos y costumbres estriba en nosotros, y podemos hacerlo hablando a las nuevas generaciones de que hoy vivimos en un mundo globalizado, en el cual ya no sólo nos corresponden las celebraciones mexicanas, sino cualquier otra que nos haga sentir que somos parte de algo. Si Halloween contribuye a forjar una relación cordial con los vecinos, a pasar un buen rato en una fiesta en compañía de amigos, ¿qué más da que provenga de Estados Unidos, Irlanda, Holanda o Bolivia? Hay que aprender a sacar lo bueno de las cosas, sin importar si son hechas en México o no.

Para finalizar, quiero dejar plasmada mi opinión de que un mejor México no se va a crear festejando Día de Muertos y dejando de celebrar Halloween. Mientras los ciudadanos sigamos fomentando la corrupción, la desigualdad, la discriminación, el activismo de sillón y volteando la mirada ante los abusos de la autoridad, seguiremos cayendo en picada por culpa de nuestra mediocridad.

Así que a dejar atrás la hipocresía y a celebrar lo que sea que te haga feliz.

Trick or treat. Happy Halloween!

8 de agosto de 2016

Uno de mis tantos problemas.

Tengo problemas con lo espiritual. Pero no desde el punto de vista del ateo que va por la vida insultando a los creyentes y sintiéndose superior a ellos. No, mi problema no es ese, pues coincido con Carl Sagan en una de sus máximas:

"Un ateo tiene que saber mucho más de lo que yo sé. Un ateo es alguien que sabe que Dios no existe. Por decirlo de alguna forma, el ateísmo es muy estúpido." 
Yo no me considero ateo, pues no afirmo que la existencia de un Dios particular es nula, simplemente me cuesta mucho trabajo creer que una deidad exista, dada la evidencia de la que disponemos hoy en día. Y, si a caso algunas veces puedo concederme creer en su posible existencia, creo que los seres humanos manifestamos nuestra soberbia al pensar que, dado el tamaño del Universo conocido, Dios se preocupa un carajo por nosotros.

Pero ya me salí del tema. Digo que tengo un problema con lo espiritual y me preocupa y explico el porqué. He notado que cuando las personas cuyo espíritu está "fortalecido" tienen un problema o una situación que los llena de aflicción, se consuelan al pensar que Dios, o la suerte, o el karma, o el destino o el Plan Maestro, se encargará de decidir sel rumbo que tomará su vida. Al pensar así, al confiar en que todo está escrito, reciben una tranquilidad que sinceramente envidio.

He intentado hacer lo mismo. No con un Dios, pero sí tratando de creer que las cosas se resolverán de una manera que al final acabará siendo favorable para mí. Pero mi lado racional inmediatamente se aparece para recordarme qué soy yo en este Universo probablemente infinito: nada. Soy un átomo de silicio en una playa cualquiera. Nadie tiene un plan para mí, el Cosmos ni siquiera se imagina mi existencia, y como tal, no va a preocuparse por decidir mi futuro.

He escuchado muchas veces, a manera de consejo, que no se necesita ser religioso para ser espiritual. El problema, mí problema, es que yo no puedo ser ni lo uno ni lo otro. Quizás estoy pensando demasiado, pues creo que para ser espiritual la razón no nos es de ninguna ayuda. Lo espiritual va más allá del raciocinio, es un instinto, es algo que se consigue yendo más allá de los simples pensamientos. Es abandonarnos a algo más grande que nosotros mismos. Sin embargo, yo no me siento capaz de hacerlo, por más que lo intento.

3 de julio de 2016

Lo que aprendí en 10 años.


No hace muchos días que cumplí 30 años. Creo que, cuando se cumple una década, sucede lo mismo que cuando culmina un año: tenemos ese deseo irrefrenable de ver hacia atrás para apreciar lo que hemos hecho, reflexionar acerca de dónde estamos y planear el camino por el que hemos de dejar marcados nuestros pasos; pero, a diferencia de los objetivos que se plantean cada 31 de diciembre, cumplir una década ofrece la oportunidad de afrontar retos mayores, pues sabemos que contamos con más tiempo para salir bien librado de ellos, Lo peligroso del asunto es que, al ser nosotros seres en estado de continua evolución en nuestra manera de pensar y de percibir al mundo, lo que hoy nos parece adecuado, quizás dentro de un par de años luzca como lo más absurdo que alguna vez pudimos concebir.

Sin embargo, hoy quiero hacer una minúscula comparación entre cómo veía yo la vida hace 10 años, al cumplir 20, y cómo la veo hoy, con 30 ciclos anuales completados. Para empezar, debo confesar que para mí significó un cambio más dramático pasar de los 19 a los 20, pues sentía una gran conmoción al pensar que, cuando me preguntaran mi edad, iba a dejar de comenzar la frase con "dieci..." para decir "veinti,.." y eso era algo que, en la insignificancia de mis problemas de aquéllos días, me causaba un gran conflicto. La vida, al comenzar los veintes, se veía mucho más sencilla, y yo creía tener el plan perfecto para triunfar en ella. Uno que, además de todo, era muy sencillo; tan sencillo que me parecía ridículo que otros no se dieran cuenta de que ése era el secreto, la gran receta: haz aquéllo que te haga sentir contento.

Sigo pensando que realmente es ésa la fórmula, pero tiene un pequeño truco que impide que las cosas sean tan fáciles como podrían parecer a priori, y se trata de que, para encontrar algo que te haga sentir contento, debes probar primero muchas cosas que, o te harán sentir mal inmediatamente, o que serán satisfactorias en un inicio, pero en las que eventualmente perderás el interés. Así que la fórmula está ahí, escrita y visible para todo el mundo. No es ningún secreto ni algún misterio que sólo conozcan los monjes budistas o los iluminados maestros tibetanos. Pero lo difícil, y lo que todos debemos hacer por nuestra cuenta, es encontrar el valor de las variables que resuelvan esa ecuación en función de nuestros propios sentimientos y deseos. 

Quiero decir que hay que llevar a cabo muchas pruebas, a veces es necesario desandar un camino que habíamos tomado con mucha decisión, con el fin de reconocer que el que nos habíamos negado a recorrer era realmente el adecuado. Otras ocasiones deberemos simplemente dejar de caminar; esperar, observar, escuchar y tantear el entorno para saber no sólo si nos conviene continuar, sino también para decidir con qué actitud hemos de enfrentar lo que nos vamos a encontrar.

Creo que eso es lo más importante que aprendí en esta década. No sé si dentro de diez años, al leer esto, sonreiré al ver confirmada mi teoría, o simplemente me dará pena la ingenuidad de la que mis pensamientos eran prisioneros en este momento. Habrá qué esperar 120 meses para saber la respuesta, pero sé que dejaré un registro escrito al respecto.