25 de agosto de 2010

La degradación del arte musical


La música ha coexistido con la humanidad desde que ésta aprendió a crear ritmos, y es probablemente la rama de las artes que más evolucion y cambios ha sufrido durante su existencia. Corrientes, géneros, exponentes, épocas, temáticas, experimentación y tendencias han marcado el camino que ha seguido a lo largo de su convivencia con el ser humano, y a diferencia de otras bellas artes como la escultura, la arquitectura o la cinematografía, la música parece dar la sensación de estar más al alcance de cualquiera que decida incursionar en ella, derivando en la creencia de que cualquiera puede crear una pieza musical.

En la antigüedad, la música tenía el status que realmente merece, era apreciada por todos pero interprerada sólo por unos cuantos elegidos; juglares y trovadores (verdaderos, no las mil réplicas de Fernando Delgadillo de hoy en día) que contaban leyendas con sus canciones, posteriormente por músicos y compositores que llenaban las cortes reales con piezas orquestales de una belleza y complejidad impresionantes.

En aquellas épocas, no era frecuente ni sencillo que alguien se convirtiera en músico, porque se estaba conciente de que se requería algo mucho más importante que las ganas y el gusto por el citado arte: el Talento, esa palabra tan infravalorada en nuestros días. Es debido a esta situación que considero a la música como el arte más degradado, porque, en otras palabras, se le ha perdido el respeto.

Ahora resulta que cualquier pelele que sabe hacer 6 power chords en una guitarra, o aquel que sabe un ritmo básico de 4/4 en la batería ya es músico. El talento mainstream en nuestros días parece basarse en la capacidad del autor por escribir letras cursis y arreglos melosos; no digo que no exista genuino talento, porque lo hay, pero se encuentra escondido en un lugar muy alejado y de difícil acceso para las masas.

Probablemente la música sea el arte más accesible, puesto que está presente en todos lados, pero accesibilidad no significa que cualquiera puede subir a un escenario, tomar algún instrumento y pretender ser un artista. O ¿a caso han visto que una persona común tome un cincel y un martillo y comienze a darle forma a un bloque de piedra? ¿Por qué debe ser diferente el hecho de tomar una guitarra y comenzar a escribir una canción?

Démosle a la música el respeto que se merece como arte. Si quieren convertirse en verdaderos músicos estudien los aspectos técnicos, practiquen, dedíquen tiempo para desarrollar el talento y que el término "artista" no les quede grande.

19 de agosto de 2010

Apple y su influencia en la cultura popular


Aceptémoslo, Apple está de moda aunque no nos guste. La mayoría de los blogs de tecnología publican al menos un post al día sobre algún tema relacionado con la manzanita mordida: el antennagate del iPhone 4, rumores sobre una probable iBike o un iPhone con tecnología CDMA, el drama Apple Vs. Adobe, Jobs prohibiendo apps, Jobs aceptando apps, especulaciones sobre los resultados de iAds y un muy largo etcétera. Apple es el mejor ejemplo de aquél dicho que asegura que no hay publicidad mala.

La llamada electrónica de consumo tiene como uno de sus mayores protagonistas a la citada compañía, siendo la gama de iPods un factor de mucho peso en esa categoría, además de que la llegada del iPad -recibido entre opiniones divididas- ha incrementado de manera exponencial la popularidad de los de cupertino, quienes son también conocidos por ser maestros de la mercadotecnia, al vender, además de un producto, la idea de estar a la moda al tener sus dispositivos.

Como sabrán, la marca cuenta con su propio ejército de seguidores, llamados Apple Fanboys o simplemente Fanboys, quienes tienen (tenemos, confieso que soy uno de ellos) una especial admiración por todos, o la mayoría de los productos desarrollados por Apple Inc, y además de eso, defienden a capa y espada las decisiones tomadas por su CEO: Steve Jobs. Pero se distinguen claramente dos tipos de Fanboys:

El primero es un viejo lobo de mar, seguidor de la marca desde sus inicios y conocedor de las diferentes etapas de la empresa, sus primeros éxitos y sus primeros fracasos. Sabe de la existencia del Apple I, II, Lisa, McIntosh; la salida de Jobs y su regreso triunfal; conoce la gama de Macs, MacBooks, iMacs, las distintas versiones de Mac OS y sabe la importancia de Wozniak, Wayne, Markkula, Sculey y el mimso Gates dentro de la historia de la empresa.

El segundo tipo, que parece estar proliferando de manera alarmante, es aquel que compra los últimos aparatos lanzados al mercado por parte de Apple poniendo especial importancia al status que el gadget le dará dentro de su círculo social, aunque no tenga la necesidad de adquirir el producto y no sepa como sacar el máximo provecho de él. Esta situación vino a agudizarse con la popularidad alcanzada por el iPhone y se incrementó aún más con la llegada del iPad. Es tanto el halo de éxito, que al día de hoy el mero hecho de poseer uno de estos inventos automáticamente parece colgar una etiqueta de conocedor, tecnólogo, o geek, y es asombroso ver que en un afán por llamar la atención o sentirse parte de un movimiento, muchas personas recurren a la popularidad de la marca y sienten que esa misma popularidad se transfiere a su persona.

Apple vive el mejor momento mercadológico de toda su historia, y es cierto que es resultado de la calidad, innovación y diseño de sus productos, pero el fenómeno se ve amplificado por una sociedad comsumidora que alimenta el espejismo de que entre más gadgets de Apple se tengan, mayor jerarquía social, popularidad y admiración se conseguirá, y el ser humano por naturaleza ama ser popular y admirado.

Para terminar, quiero decir que Apple no es el iPod, ni el iPhone 4, ni el iPad. Apple es una empresa con una historia mucho mayor que el gadget de moda, una compañía que fundó la era de la computación personal y que lidera, junto a otras, la innovación y el desarrollo tecnológico. Apple es una tradición y el ejemplo de que cuando las cosas se saben hacer, el éxito entra por la puerta principal.

17 de agosto de 2010

De la evolución tecnológica


Durante mi estancia en la Campus Party México, tuve la fortuna de asistir a una conferencia de Peter Sunde, co-fundador del que probablemente sea el tracker de BitTorrent más famoso de Internet: The Pirate Bay. Entre otras cosas, mencionó que a diferencia de los medios especializados y líderes de opinión, él no piensa que el momento que estamos viviendo sea una revolución, sino que se trata símplemente de una evolución, un proceso natural de cambio.

Fue una declaración que me puso a pensar varias cosas y a re-pensar otras. Hoy mientras caminaba por la calle, pasaron junto a mi tres chicas estudiantes de secundaria, una de ellas traía un celular y escuchaba música con el altavoz activado. Estoy perfectamente conciente de que es lo más normal del mundo... ahora.

Se habla de que las nuevas generaciones son "nativamente digitales" y probablemente lo son, ellos han nacido en la era de mayores avances tecnológicos y creen que tener Internet en casa es algo que ha sido siempre así, nunca vieron como alguien que hablaba por celular en las calles era motivo de miradas raras y creen que la música ha sido portable desde siempre. Parecemos asombrarnos y a veces hasta ofendernos por la total falta de asombro de los adolescentes, pero es un ciclo que se repite, y que nuestros padres vivieron con nosotros.

Para nosotros fue cosa común tener teléfono de línea en nuestro hogar, más de una televisión, una videocasetera, alguna de las primeras consolas de videojuego como el ATARI 2600 o el NES; la música ya la podíamos transportar en los walkmans, vivimos el auge del CD, y entregábamos nuestras tareas en diskettes, asombrándonos de que una investigación de 300 páginas pudiera caber en un dispositivo tan pequeño y portátil.

Seguramente si nuestros padres hubieran tenido blogs en esa época, habrían escrito también que nosotros fuimos una generación "nativamente tecnológica" y seguramente, cuando los adolescentes de ahora tengan hijos, escribirán que ellos son "nativamente teletransportables" o algo por el estilo, lo que nos deja claro que la historia siempre tiende a repetirse.

16 de agosto de 2010

Una semana geek en Campus Party México


La semana número 32 del año llega a su fin, y con ella se va también la segunda edición de la Campus Party México, que en esta ocasión logró reunir a más de 6000 entusiastas de la ciencia y la tecnología. Además de las magistrales presentaciones de Steve Wozniak, Kevin Mitnick, Peter Sunde, y Eduardo Arcos, cada una de las ponencias, talleres y mesas redondas dejaron un aire de motivación en todos aquellos que tenemos la idea de llevar a cabo un proyecto.

El día del arribo, y después de hacer una larga fila para poder acceder a las instalaciones de la Expo Bancomer Santa Fé, la arena recibía a visitantes de todo el país y algunos cuantos de Extranjia (de ahí son los extranjeros, ¿no?) con una conexión varias veces más rápida que el promedio que tenemos en nuestros hogares. Sin dudarlo un momento, los asistentes aprovechamos la velocidad para bajar cuanto contenido tuviéramos en mente.

Unas horas más tarde, después de haber socializado con el staff de #trolltime, decidimos emprender una expedición al Sam's Club más cercano para abastecernos de alimentos -en su mayoría chatarra y comida instantánea- y ahorrarnos el costo del cátering. Así trancurrió el día uno, puesto que no había actividades agendadas para tal fecha.

El resto de la semana se fue entre conferencias, filas para conseguir autógrafos, duchas con agua fría, quejas sobre lo incómodas y pequeñas que eran las tiendas de acampar, streamings en vivo parodiando a ciertos personajes, desvelos, carreras para ganar stickers, playeras, gorras, souvenirs, y sobre todo, mucho trolleo.

A pesar de que toda la gente con la que conviví en la Campus Party la conocí el día que llegué (excepto por @HectorOscos, a quien tenía más de 3 años sin ver) el ambiente vivido fue de total compañerismo y puedo decir sin lugar a dudas que voy a extrañarlos a todos y todas y que fue un gran placer haber vivido junto a ustedes la semana más geek de mi vida, además de que puedo presumir que el ganador del reto Iron Geek (@cyberocioso, alias @GeekDaemon) fue una de las personas con quienes conviví durante mi estancia en la campus.

Espero verlos el próximo año en Campus Party México 2011 para seguir trolleando a quien se ponga en el camino.

Una nueva etapa


Como lo dice el título del post, hoy comienza una nueva etapa en la vida de este blog -así como en la de mis otros proyectos.- Con energías recargadas y la motivación recién inyectada, la versión 2.0 de Saek Networks arranca oficialmente a partir de este momento, aunque claro, de manera gradual.

La idea de crear una red de blogs y podcasts temáticos no es algo nuevo, y ya ha pasado por el primer intento, mismo que abandoné por decidia, entre otros factores. Sin embargo, ahora las ganas de sacar adelante el proyecto están de vuelta, esta vez son mayores y los objetivos son más claros.

Teniendo la renovación como estandarte, EspectadorSocial cambia de imagen y de nombre, convirtiéndose en un blog 100% personal y sin tener que tratar contenidos sobre un tema en específico, pudiendo abarcar desde tecnología, música, crítica social, cine, fotografía y todas aquellas cosas que apasionan a un sujeto común y corriente.

Disfruten este cambio.

26 de julio de 2010

El Bicentenario

Desde hace ya bastante tiempo, hemos sido bombardeados con información acerca de los eventos que se celebrarán próximamente con motivo de aniversario número 200 del Grito de Dolores, mismo que marca el inicio de la guerra de Independencia de México, y el aniversario número 100 del inicio de la Revolución Méxicana. En las principales ciudades del país se han instalado sendos relojes marcando los días, las horas, los minutos y los segundos que faltan para que den inicio los festejos; se han dado a conocer convocatorias para distintos concursos, tales como "el platillo del bicentenario", "la canción del bicentenario" etc.

Así mismo, otras organizaciones no gubernamentales se han subido al tren de las festividades, sacando al mercado productos conmemorativos u organizando torneos deportivos para conmemorar tal ocasión, tenemos como ejemplo el "Torneo Bicentenario 2010" que organiza la Federación Mexicana de Fútbol" o la "Edición Especial Bicentenario" que la marca alemana de automóviles Volkswagen producirá de algunos de sus vehículos.

Viendo todo ésto, me surge una pregunta: ¿Es realmente necesario tal despliegue de recursos?
Sé perfectamente que la ocasión es realmente especial y fundamental para la identidad nacional de los mexicanos, y ni que decir de la trascendencia histórica que representa, pero debemos ser conscientes de la situación que el país vive en la actualidad, misma que no es muy positiva. Si bien es evidente que conmemorar 200 años de independencia como nación y 100 de aquel cambio radical que significó la revolución es motivo de orgullo y, al mismo tiempo razón para celebrar, México está lleno de problemas que no debemos olvidar.

Vivimos una de las épocas más difíciles de nuestra historia, con el narcotráfico haciéndose presente a través de violencia extrema, corrupción en los altos -y no tan altos- círculos de poder, pobreza de la población, índices de inseguridad cada vez mayores, analfabetismo, pérdida de empleos, alza de precios de la canasta básica, impuestos que se elevan y salarios que permanecen estáticos es ovbio que las razones para festejar quedan opacadas.

La infraestructura necesaria para la celebración no es nada modesta, y se evidencía que el gobierno destinó bastante presupuesto federal para llevar a cabo semejantes eventos y concursos en cada uno de los estados de la república, pero ese presupuesto bien pudo haber sido destinado para los diferentes programas federales de ayuda a los sectores vulnerables de la población puestos en marcha hasta el día de hoy, o bien para crear algunos nuevos.

Sé que no soy la única persona que piensa de esta manera, y tampoco soy el único que ha externado una opinión al respecto, a lo que algunos representantes gubernamentales han respondido que el gasto será cubierto con la derrama económica que el turismo dejará en el país durante los festejos. Esperemos que por esta ocasión la gente que maneja las riendas de México tenga razón, y efectívamente la recaudación supere por un amplio margen a la inversión, porque si no es así, las próximas generaciones no tendrán mucho qué festejar dentro de 100 años.



25 de julio de 2010

El "Nacionalismo"


Observando con atención los comportamientos que se gestan dentro de la sociedad actual, es posible identificar con claridad un fenónemo, acentuado recientemente por la fiebre que la Copa Mundial de Fútbol desata en un país históricamente aficionado a tal deporte, como es México. Dicho fenómeno es lo que comunmente se conoce como nacionalismo, pero ¿qué es exactamente el nacionalismo?

Podemos definirlo a grandes rasgos como el sentido desmedido de identidad que uno o varios individuos manifiestan hacia un territorio -generalmente aquél donde nacieron.- Ahora bien, una vez conocido el concepto, es fácil caer en la cuenta de que la gran mayoría hemos expresado, al menos en una ocasión nuestro nacionalismo hacia México; pero también hemos hecho todo lo contrario, criticando, desprestigiando y subestimando aquello que nuestra nación produce, propone y lleva a cabo.

Entonces parece necesario preguntarnos: ¿Realmente amamos México? Parece ser que el sentimiento general de la población es: Sí, amamos México; su territorio, la nobleza de su gente, sus bellezas naturales, etc, pero estamos hartos de la violencia, la corrupción, la manipulación de la información, las mentiras de la clase política y los escándalos de la iglesia.

Deseo expresar mi punto de vista. Yo estoy orgulloso de ser mexicano, sin embargo, mi orgullo no tiene nada que ver con algún sentimiento semi-patriótico inculcado a la fuerza por el sistema educativo. No.
Tampoco voy por la vida diciendo que México es el mejor país del mundo, ni pregonando la idea de que amo tanto a mi nación que no quiero jamás irme a vivir al extranjero porque aquí tengo todo lo que necesito.

Son cosas diferentes, estoy orgulloso de ser mexicano, pero NO AMO A MI PAIS. Me explico:

Me gusta ser mexicano por la riqueza cultural que existe a mi alcance. Me gusta ser mexicano porque tengo la libertad de hacer lo que quiera -existe tanta libertad que, incluso los delincuentes siguen gozando de ella.- Pero la razón principal por la que me gusta ser mexicano, es que el simple hecho de serlo me plantea un reto, y esque cuando un habitante del tercer mundo logra sobresalir en un país tan jodido y carcomido por el crimen y la corrupción como el nuestro, hacerlo en el resto del mundo es cosa de niños.

Ahora, no amo a mi país porque ni siquiera creo en esa frase. México es el lugar en donde nací, pero no es MI PAÍS. Ni tuyo, ni de nadie más. No necesito tener una identidad ni un lazo sentimental hacia el fragmento de masa continental que me vió nacer, y es absurdo creer que mi esencia está intrínsecamente arraigada a un sólo lugar, y mucho menos tengo que alimentar mi autoestima con los logros que otras personas han conseguido "en nombre de México."

Nací en una porción de masa continental delimitada políticamente, poseedora de ciertas costumbres, creencias, tradiciones y cultura. Esa porción territorial se llama México y eso es lo que me hace ser mexicano, pero no hace que éste sea "mi país" y mucho menos hace que esté alegre/triste al saber que México es mejor/peor que otros países en tales o cuales disciplinas. Los logros y los fracasos son personales, no son de una nación.

Y para terminar, no veo el motivo para sentirse orgulloso de vivir en un lugar donde cualquier acto criminal es convertido en chiste y se le resta importancia, y en donde el hecho de que el gobierno es un incompetente parece no abrirle los ojos a una población que se conforma diciendo "estoy mal, pero no importa, el de al lado está peor que yo"

5 de julio de 2010

Los personajes

Todos alguna vez hemos creado personajes, ya sea como máscaras de nosotros mismos en nuestro entorno, o en algún cuento, historia, canción, etc. que hayamos escrito en alguna ocasión. Y yo soy adicto a crear, no sólo personajes, sino también historias y sutuaciones -aunque no necesariamente buenas.-

Me siento muy atraído por la idea de tener control absoluto sobre el destino de un ser vivo (porque, aunque sea un producto de nuestra perversa imaginación, vive dentro de ella), podemos decidir con total autoridad cuándo y de quién se enamorará, cuánto ha de sufrir y cómo debe reaccionar ante los estímulos de su imaginaria existencia.

La nobleza del personaje recide en su capacidad de soportar todo lo que nuestra torcida mente pueda imaginar, y cuando al fin llega la hora de que muera, aceptará su destino sin oponerse y sin chistar.

Crear personajes es jugar a ser el Dios de nuestro propio universo.